martes, 13 de enero de 2015

Emotivas palabras de un diácono católico respecto a su hija transexual

Ray Dever, diácono de la Iglesia Católica de San Pablo de Tampa (Florida), ha escrito una carta en la que hace un contundente llamamiento a los padres de hijos transexuales: “Amad a vuestros hijos”.
La muerte de Leelah Alcorn, una adolescente transexual, la mañana del pasado domingo en Ohio, ha vuelto a abrir el debate sobre el impacto que la religión tiene en el colectivo LGTB. En la nota de suicidio que escribió la joven, crítica duramente las creencias religiosas de sus padres, cristianos devotos, que no les permiten ayudar a sus hijos transexuales. Carla Alcorn, la propia madre de Leelah, declaró a un reportero de la CNN que: “Nosotros no la apoyamos, religiosamente, en su proceso de cambio”.
Sin embargo, el mismo día que Leelah decidía poner fin a su vida, otro padre demostraba que ser cristiano no va ligado al rechazo a un hijo transexual. En el día en que se celebro la Sagrada Familia, una fecha muy importante en la doctrina católica, Ray Dever, diácono de la Iglesia de Tampa (Florida), escribía una artículo para el blog New Ways Ministry en el que relata el aprendizaje personal que supuso tener una hija transexual.
Dever describe cómo su hija le reveló su condición en otoño de 2013, cuando ella cursaba su segundo año de estudios en la Universidad de Georgetown de Washington: “Esto ocurrió sólo unas semanas después de la famosa entrevista del Papa Francisco en la que decía “¿Quién soy yo para juzgar?”. Con estos acontecimientos mi familia se vio sumida en todas las preguntas y problemas a las que se enfrentan las familias católicas con niños LGTB (…) Nuestro viaje probablemente no ha sido muy diferente al de cualquier familia en esta situación”.
Tras la grave depresión que su condición supuso para su hija durante la escuela secundaria, Dever muestra su preocupación por las graves consecuencias mentales que puede arrastrar este cambio: “Queremos aprender más sobre la depresión y la enfermedad mental, sobre las ideas suicidas y las conductas autolesivas, sobre terapeutas y antidepresivos”.
Además, hace balance del aprendizaje que ha supuesto para toda su familia la identidad sexual de su hija: “Cuando nos lo dijo, mi esposa y yo tuvimos toda la gama de pensamientos y emociones que un padre puede tener en esta situación: shock, falta de compresión, conflicto con la Iglesia, confusión, culpa sobre nuestra capacidad como padres, profunda tristeza por la pérdida de un hijo, miedo, preocupación por el futuro… Había discusiones, noches sin dormir y oraciones, muchas oraciones(…) Pero lentamente, pudimos comprender que no habíamos perdido a la persona que había sido nuestro hijo. De hecho, en muchos aspectos, nos trajeron a nuestro hijo de vuelta cuando consiguió abrazar su identidad de género y emerger de las profundidades de la depresión“. Después de todo el proceso, para Dever, los valores de su hija permanecen intactos: “Toda la creatividad, el humor, la empatía, y la inteligencia que le hacían una persona excepcional todavía están ahí y están brillando más fuerte que nunca“.
En su artículo aprovecha también para enviar un mensaje a los padres que estén en una situación similar a la suya: “El apoyo familiar es problemático en las familias católicas (…) Yo no estoy calificado para hablar en nombre de la Iglesia en cuestiones LGTB, pero he sido encargado por la Iglesia para proclamar y predicar el Evangelio. Y si una cosa está clara en las enseñanzas de Nuestro Señor es que todo el mundo está incluido en su amor y misericordia, y todo estamos llamados a hacer lo mismo. La Iglesias nos llama a, en primer lugar y sobre todo, seguir su conciencia, amar al prójimo, y sobre todo a tu hijos”.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Carta de Andrés Gioeni al papa Francisco por el Sínodo de la familia

Buenos Aires, 18 de octubre de 2014.
Estimado y admirado Francisco:
¡Paz y bien!
En esta tercera carta que le escribo quiero hacerme portavoz del sabor amargo de muchas personas que pusimos la mirada, la oración y las esperanzas en un Sínodo que parecía abrir las puertas a una Iglesia pluralista, pero que finalmente las volvió a cerrar con elitismo hasta nuevo aviso.
En esta oportunidad no le escribo como quien ha vivido de cerca el sacerdocio; tampoco le hablaré desde mi condición de gay confeso. Esta vez quiero hablarle desde mi faceta de artista, una de las cualidades o dones que como homosexual puedo brindar a la sociedad.
Quienes nos sentimos creadores desde el arte, sabemos lo difícil que es encontrar una bocanada de inspiración. Pero cuando viene ese primer soplo, somos conscientes que en esas incipientes mociones están escondidas las huellas de lo que será nuestra obra final. Cuesta descubrir ese impulso que aparece muy de vez en cuando, pero cuesta mucho más permanecer fiel a su dictado.
En los primeros diálogos entre los personajes se va tejiendo una obra de teatro; en los primitivos trazos y pinceladas van surgiendo los atributos de la pintura final; en los borradores de los compases iniciales ya se prefigura la melodía que sentiremos vibrar; en el impulso de los cinceles originarios se van vislumbrando las figuras imaginarias que terminarán esculpiendo la escultura.
Pero mantenerse fiel a esa inspiración es lo que más cuesta. Porque la desconcentración nos tienta de diversas maneras a dejar de mirar ese primer suspiro programático, similar al llanto inicial del recién nacido. Son muchas las tentaciones que pretenden desviarnos de ese primer espíritu creador. ¿Será quizás más difícil permanecer fiel al primer movimiento, que recibir un sugerente impulso inspirador?
Con el tiempo aprendí que los artistas NO DEBEMOS DESESTIMAR TAN FÁCILMENTE UN PRIMER BORRADOR. Porque allí están las semillas del fruto a cosechar. Quizás como lglesia sea una invaluable experiencia a considerar.
Después de la expectativa creada a raíz de un borrador que surgía con un impulso energético del Espíritu, finalmente desviaron la mirada llegando a una declaración conclusiva con un texto que repite las expresiones conocidas por todos los que en más de una oportunidad hemos leído los documentos eclesiales.
Precisamente las afirmaciones más osadas fueron las que quedaron de lado. Quizás las afirmaciones que atendían a una novedad pastoral, quedaron descartadas en un compendio de frases escuchadas hasta el hartazgo en diferentes ponencias, reuniones, homilías y disertaciones.
Y me atrevo a afirmar que se debe a que COMO IGLESIA TODAVÍA TENEMOS MIEDO. Tenemos miedo a mirarnos como somos, tenemos miedo a reconocernos hijos de Dios con igualdad de condiciones, tenemos miedo a hablar con hermanos de igual a igual, hermanos que deciden ser fieles a una naturaleza aún desconocida. ¿Sentiremos miedo de que un Amor tan grande corra el riesgo de ser repartido?
Es lo que Jesús nos cuenta en la Parábola del Hijo Pródigo; cuando el Padre abre las puertas del hijo que se había perdido, el otro siente que es descuidado y que es injusto reconocer que él también pueda entrar a la casa. Pero ya la misma parábola nos lo deja en claro en las palabras del padre: “Hijo mío, tú siempre has estado conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15, 31-32).
Pero ¿tanto nos cuesta creer que una fuente inagotable no se puede acabar? ¿acaso algo que es infinito se puede no repartir sino en infinitas posibilidades? Eso lo sabemos por experiencia también los artistas. El espíritu puede soplar acá o allá, pero no se agotará. Puede inspirar a un colega, pero no por eso descuidará la inspiración de las demás obras.
Invite a todos sus pastores a emprender el camino hacia el Sínodo del año próximo mirando a los artistas. Porque un artista no tiene miedo. Un artista se arriesga. No porque sea temerario e irresponsable. Se arriesga porque sabe que la fuerza del espíritu llevará a buen término su obra. Si suelta el trapecio es porque confía que del otro lado hay alguien que lo recibe. Si mezcla colores sin sospecha es porque se entrega confiado sabiendo que la inmensidad de matices enriquecerán su fresco terminado. Si aporta neologismos es porque sabe que la palabra es realmente inagotable. Si combina notas, tiempos, silencios es porque descansa en la armonía.
SI EL BORRADOR ERA MÁS GRATO QUE LA OBRA FINAL, PREGÚNTELES QUÉ LOS DESVIÓ DEL IMPULSO PRIMARIO, QUÉ INTERESES SE MEZCLARON EN EL PROCESO. QUÉ DESAVENENCIAS O CONTIENDAS INTERNAS NO LES PERMITIERON MANTENERSE FIELES A LO QUE EL ESPÍRITU LOS EMPUJÓ EN UN PRINCIPIO.
Aún antes de finalizar le comparto algunas preguntas que me surgen también de mirar todavía el ejemplo de los artistas, y llevarlo luego al plano de la fe:
En nuestros ensayos, levantarnos de nuevo después de habernos caído todavía sigue siendo valentía, porque significa que podemos mejorar. En las familias de los divorciados vueltos a casar pasa lo mismo. Se animaron a levantarse y comprometerse a empezar de nuevo, dándose una nueva oportunidad. Eso no es un pecado, es un reconocimiento humilde de que se puede empezar de nuevo, después de una desilusión.
En nuestra nutrición, sabemos que el alimento es necesario para caminar, correr, saltar, pensar y no un mérito a nuestro trabajo terminado. Comprendemos que lo necesitamos para seguir creando. Percibimos que le da la fuerza al bailarín para ejecutar ese difícil salto que no se animaba a consumar. ¿Es que ustedes siguen considerando que el Sacramento de la Comunión es un premio para las familias que cumplen las reglas? ¿no dijo Jesús que él vino para los enfermos y no para los sanos? ¿o que no vino a llamar a justos sino a pecadores? Sin ese alimento que ustedes restringen difícilmente puedan llegar a buen término aquellas familias que más lo necesitan.
En nuestro proyecto terminado, cuando salimos a escena y se encienden las luces confiamos en que al lado nuestro hay un gran equipo que tiene muchas otras tareas que como actores, desde el escenario, no podemos realizar. Pero sabemos que la escena no será aplaudida sin el trabajo del vestuarista, del escenógrafo, del director, del autor, del musicalizador o el iluminador que completaron el trabajo. Confíen más entonces en quienes conforman también verdaderas familias: en los laicos, en los religiosos, en los pastores, en los presbíteros, en los diáconos, en los misioneros, en los catequistas, etc. Dejen que participen de verdad en las encuestas y no cumplan con un mero formalismo creyendo conocer la realidad de sus comunidades. Dejen escuchar la voz de aquellas familias que menos consideran, quizás sean ellas quienes sepan decir cuál impresión es la indicada para terminar un primer acto. En palabras del Concilio Vaticano II dejen de lado el verticalismo de casi 200 Obispos y escuchen a todo el Pueblo de Dios.
Ojalá que el diálogo con otras religiones y otras Iglesias reformistas los ayuden a descubrir la variedad de culturas y la riqueza inagotable de la diversidad humana, que no se circunscribe a un paradigma occidental de clase burguesa.
Estimule a los Padres Sinodales a mirar a los artistas para que en el Sínodo que se aproxima puedan escuchar los primeros indicios renovadores y no apagarlos. Seguramente la sinfonía final será escuchada con más agrado por los que intentamos comulgar y celebrar un mismo y único Dios.
Desde mi pequeña familia, no de segunda categoría, sino la que Dios pensó para nosotros, lo saludó confirmando y renovando mi esperanza en que es capaz de llevar a cabo su difícil misión.
Andrés Gioeni, otro hijo de Dios.

sábado, 28 de junio de 2014

EL ROPERO


Género: Cuento
Autor : Favio A Lucero


0igo voces adentro del ropero.

_“¿vos no serás igual que ellos?”

Me preguntó mi papá como una condena, después que me vio intercambiar dos palabras y un saludo con Mario en la plaza.

Ahora estoy acá adentro del ropero, en el altillo de casa. Nadie lo sabe, me buscan por todos lados. Pero yo se muy bien, que no me van a encontrar. Este es un lugar oscuro, sin oxígeno, absurdo. Explorarlo exige mucha valentía y todos le temen a la intimidad y a las alturas. Por fuera no llama la atención. Aunque de este lado, es todo profundo y desconocido. Se puede escuchar agudizando el oído, los acordes de un piano y el canto ausente y distante de las palomas.
Desde abajo puedo ver las camisas colgadas, los trajes, sobretodos, polleras, vestidos. A veces  me aburro un poco, pero encontré el modo de entretenerme, contando los cuadros de las telas, los estampados, e imaginando modelitos,  o diseños nuevos. Y Metiendo personas entre la ropa. También hay frazadas, almohadas y zapatos con olor a naftalina.

Desde que me di cuenta, llevo meses, años, encerrado entre estas paredes de madera. Años escondiendo mi secreto. Enmudeciendo los sentimientos y esperando como la tierra en sequía.
La llave la tengo yo. Nadie podrá abrir y sorprenderme. Yo decido cuándo salir. Afuera no soy yo, me siento demasiado vulnerable.

Acá recito y escribo poemas como mensajes de auxilio, que envío al exterior.

“hecho para amar, dignidad humana
Derecho a amar, pero despojado”

Otras veces, canto  canciones inventadas para preguntarme porqué. Me pregunto ¿porqué estoy acá? ¿A quién obedecer?
Quisiera engendrarme yo mismo de nuevo.
Voy repitiendo la letra, para que surja la melodía con sonidos suaves, cuando estoy triste, o alegres cuando estoy contento. Hasta me traigo la comida y algo para beber. Vivo como anacoreta en su ermita.
De noche o de día, nublado o con sol, el ropero es mi caja salvadora, como el arca de Noe. Por eso estoy tan aferrado navegando mar adentro, cual balsa al país de la libertad.


Es así que decidí escribir esta carta desde mi exilio, arrancando una hoja de mi diario íntimo, para contarte de aquellos años, los iniciales.  Cuando me descubrí sintiendo y mirando las cosas desde otro lado.



“sin acercarse, sin mirar
Ni amigo, ni cómplice
Hay que renunciar”

Me tenía que callar en el colegio y en todos lados, porque en el fondo sabía, intuía, que no debía hablar, ni decir lo que pensaba.
En los recreos me encerraba en el baño. De pie, con las piernas abiertas sobre el hueco nauseabundo de los retretes, para que nadie me encontrara y no me invitaran a jugar al fútbol. Era una tortura la pelota. Y los recreos interminables. Conocía de memoria los rincones y las baldosas del patio cubierto de la escuela.
Tampoco me dejaban mirarme al espejo del comedor, porque siempre que nos sentábamos a la mesa, cuando hablaba, me miraba mucho y hacía gestos muy sueltos. “no te mires al espejo” resonaba como advertencia.
Expresarme con palabras poco comunes, también estaba prohibido para mi.
La maestra, mandaba a llamar a mi mamá, porque no me integraba con todos  sólo con unos pocos.
En la adolescencia me encerraba en el baño, para no ir a las fiestas. No quería demostrar nada. La pasaba muy mal, simulando una postura. Me sentía observado por todos, demasiado expuesto. Rechazaba absolutamente todas las invitaciones a salir con mis amigos.
Un par de veces, dando rienda suelta a mi expresividad artística e histriónica, me disfracé .Ahí la represión fue contundente y vino acompañada de mandatos muy claros y definitivos. Nunca más lo intenté.


“No pasar la barrera
Negarse a sentir
Porqué, Porqué”

Tenía que crecer y no podía. Tenía que ser y no podía.


Un camino con muchas señales, se me presentó entonces. Como un peregrino, emprendí un viaje muy largo, al País  más lejano. El centro de mi esencia.  Que con muchas razones fui andando de a poco. De a poco me sentí seguro y contenido. Me ahorré un largo tiempo de inventar otras razones. Porque los argumentos sobraban, todo me cerraba, porque a todos les cerraba y nadie reclamaba ni pedía más explicaciones.

La Iglesia, torre de marfil, fue ese lugar perfecto para refugiarme. Aunque sometido al martirio de una doctrina condenatoria.
 Con el auto flagelo de un forzado angelismo, que censura y juzga sin conocer el corazón. Negando lo evidente. Con  mucho miedo a lo natural, a lo espontáneo. Curiosamente coincidente con las indicaciones familiares inculcadas. Por todo eso, a Mario no lo saludé más. El quedó signado hasta hoy por la condena de todo el pueblo. Y yo, libre de toda sospecha, libre de culpa y cargo, aunque no fuera feliz.

“Quién me dará la respuesta
Quién intentará explicarlo
No se puede, no se puede
Es injusto y lo injusto
No tiene sentido”

 En un momento, el camino elegido me llevó  más lejos y lejos de alejarme, me acercó no al pueblo, ni la familia, sino a mí mismo.
Tomé distancia a la distancia. Tomé otro rumbo, un atajo, un desvío. Perdí toda seguridad y amparo. El mar me devolvió a las costas de mi verdad.
Verdad incómoda, inquieta, oculta, verdad nueva, auténtica, sin maquillaje, ni disfraz.

“no debía ser
La misma capacidad de amor
Siento y deseo igual”

Mi verdad es un sendero estrecho, testigo de mis largos silencios, de desengaños, de sufrir anónimo y solitario. Un paisaje agreste, desierto, que sabe de las luchas, de los sueños. Sendero de destierro con dolor. Hoy largamente recorrido y desandado.

Te extrañará el tono de mi relato, pero debo aclararte querido amigo, que esta es mi última carta. Ya no recibirás estas líneas,  ni mucho menos te contaré de mi pasado.
 A lo mejor, probablemente, te envíe poemas y canciones nuevas, que hablan de lo hermoso que es estar afuera y sentirme como me siento, más vivo que nunca.
Ya no sueño utopías azules ni universales. Vivo la realidad de los momentos y las horas. Mis noches tienen la esperanza y el olor, de las mañanas frescas de verano.
La búsqueda y la lucha terminaron cuando decidí, dejar esta vida adentro del ropero.
Al salir, el sol me iluminó la cara y los ojos para ver lo esencial. Me dejé empapar por la lluvia. Entonces, me encontré con el amor, que le dio sentido a todo.
Hoy, soy lo que soy.

P/D: En casa, todavía no saben nada.

HOY DIA DEL ORGULLO GAY el origen


En la madrugada del 28 de junio de 1969 tuvo lugar uno de los hechos que, sin saber muy bien cómo ni por qué, se convirtió en un hito y un referente en la historia contemporánea del mundo y muy en especial en la historia de la lucha por los derechos civiles, hablamos de la revuelta marica ocurrida en el Stonewall Inn, un bar del Greenwich Village de Nueva York.
stonewall-innNo fue la primera revuelta entre los representantes de un sistema injusto y una minoría discriminada, ni fue la primera donde esa minoría estaba formada por aquellos que por causa de su orientación sexual eran señalados como enfermos o delincuentes. Diez años antes incidentes similares se habían producido en la cafetería Cooper´s Donuts de los Ángeles y tres años antes en la cafetería Compton de San Francisco.
La revuelta del Stonewall no destacó por ser excesivamente violenta, no hubo muertos ni heridos graves. Y tampoco fue un acto de reivindicación política, organizado o dirigido por intelectuales o activistas que luchaban por los derechos homosexuales. Sin embargo, ahí quedó en la memoria de todos como el momento y el lugar en el que alguien dijo que no. Que ya estaba bien, que esta vez ya no agacharían la cabeza y no sufrirían la humillación de ser tratados como pervertidos o criminales, cuando su único delito era ser ellos mismos y tratar de disfrutar de algunos de los privilegios que los demás entendían y vivían como algo normal. Cosas tan simples como divertirse, reír, bailar y amar.
Eran tiempos convulsos y de cambio en los que una generación que había nacido tras la segunda guerra mundial pedía paso. Eran los tiempos de la guerra fría, del anticomunismo y la lucha por los derechos civiles, de Vietnam y Nixon. Era el verano del amor, y al ritmo de los Beatles, de Elvis, los Rolling, Bob Dylan o Joan Baez, la minoría dentro de las minorías se reunía en antros y tugurios escondidos, donde por tres dólares, consumición incluida, podían sentirse seguros mientras bailaban, charlaban y bebían el alcohol rebajado que las mafias que controlaban ese mundo underground,  tenían a bien ofrecerles. Todo ello por supuesto con el visto bueno de una policía corrupta que cobraba su parte a cambio de hacer la vista la gorda y limitarse a cubrir el expediente.
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En Nueva York, el Greenwich Village, un pequeño oasis de tolerancia y diversidad, se había convertido en un polo de atracción para cualquier homosexual que buscara un sitio donde encajar. Y en el Village el tugurio de moda era el Stonewall Inn. Ahí se reunía lo mejor de cada casa. Jóvenes que habían sido echados de sus hogares por maricas, chaperos, travestis y drag queens con sus mejores galas o con el vestido que habían tomado prestado a sus madres. Mariquitas locas libres de ser y sentirse todo lo locas que quisieran, rudas  camioneras, marimachos y discretas bolleras. Homosexuales de todos los pelajes y de todos los colores, negros, blancos, asiáticos, latinos alternando con hombres casados y padres de familia respetables que una vez al mes o a la semana se tomaban un descanso de esa rutina de mentiras que llamaban vida. Todos ellos se juntaban en este restaurante reconvertido en bar de ambiente que cada noche abría sus puertas para ofrecerles un poco de diversión.
Y así solía ser, exceptuando alguna noche y en horas de poca concurrencia, cuando de pronto las luces se encendían y tenían que enfrentarse a una realidad uniformada de azul que los detenía, humillaba, amenazaba, extorsionaba o simplemente arruinaba sus vidas exponiendo su más oculto secreto a la luz pública. Adiós familia, estudios, trabajo, carrera, reputación. Y todo en nombre de la decencia, la moral y una “american way of life” en plena decadencia.
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Esto fue precisamente lo que ocurrió el 29 de junio de 1969, pero en esa ocasión pasada la una de la madrugada, cuando con el bar lleno, la luz se encendió y la policía entró en el local. Unas cuantas maricas salieron corriendo, el alcohol vendido sin licencia fue requisado, comenzaron las identificaciones y el bar empezó a ser desalojado.
Pero, al contrario de lo que hasta entonces solía ocurrir, los maricas, travelos, bolleras y drags   que abarrotaban el bar se rebelaron negándose a colaborar, en tanto que aquellos que habían sido expulsados del bar no se dispersaron rápidamente como era costumbre y así, pronto una pequeña multitud de clientes y curiosos se arremolinó a las puertas del local.
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Cuando las unidades de refuerzo llegaron para llevarse arrestados a los clientes que la policía custodiaba en el interior del local varios cientos de personas estaban fuera aguardando. Conforme los agentes iban haciendo entrar a los detenidos en los vehículos el ambiente se fue tensando, algunos empezaron a cantar la canción “Venceremos” de Joan Baez y unos pocos puños se alzaron al grito de “Gay Power”, otros comenzaron a burlarse de la policía y a lanzar monedas (en referencia a los pagos que la mafia hacía a la policía) y alguna botella a los coches patrulla. Los detenidos que eran conducidos a los vehículos, luchaban, protestaban e intentaban zafarse de la policía que empezó a responder con violencia, la gente abucheaba. Según cuentan, una de estas detenidas animó a la gente a hacer algo, y fue en ese momento en que la tensión estalló y empezó el caos.
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Pronto, más de medio millar de personas se encontraron envueltas en una trifulca en toda regla donde volaban las botellas, las monedas y las piedras. Algunos policías huyeron en sus coches patrulla mientras que el resto se atrincheró dentro del local cerrando la puerta junto a varios detenidos y un periodista. Los agentes, acostumbrados a la docilidad de los gays, perplejos, comenzaron a sentir miedo. Unas drags, encolerizadas, arrancaron un parquímetro y lo utilizaron como ariete para intentar derribar la puerta y asaltar el local. Botellas, basura, piedras, ladrillos y contenedores eran lanzados contra la fachada y las ventanas tapiadas que se rompieron. Tras saltar la chispa, el fuego había prendido y no sólo en sentido metafórico.
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Después de más de media hora de acoso la situación pareció descontrolarse cuando las puertas del local se abrieron y un policía con pistola en mano amenazó a la gente con disparar. De pronto se oyeron sirenas y aparecieron los antidisturbios y los bomberos. La revuelta entonces paso a una segunda fase. Los refuerzos policiales rescataron a sus compañeros del interior del Stonewall y empezaron a detener a todos los que podían con la intención de despejar las calles. Pero la multitud, que seguía aumentando en número, no estaba por la labor. Frente a los antidisturbios se colocó una fila de travestis y gays en formación coral cantando y bailando levantando las piernas, burlándose de unos agentes nada acostumbrados al desafío de esos enfermos y pervertidos. Durante la siguiente hora y media las persecuciones se sucedieron, los coches volcados, los policías persiguiendo a los manifestantes y los manifestantes persiguiendo a los policías al grito de ¡cogedlos!, hasta que hacia las 4 de la madrugada todo quedó despejado y en silencio. El saldo de esa noche histórica fue de 13 detenidos, 4 policías heridos y varios manifestantes hospitalizados.
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Al día siguiente, los panfletos, las noticias, los rumores, las reivindicaciones y las denuncias sobre la situación a la que se enfrentaba la comunidad gay llenaron las calles del Village y durante las noches posteriores se volvieron a repetir unos altercados a los que más y más gente se fue sumando. Y ya no eran solo drags, chaperos o clientes del Stonewall, sino hombres y mujeres gays junto a heterosexuales que se unieron para protestar y levantar la voz al grito de Gay Power. Personas que habían perdido el miedo y reclamaban su espacio. Y cuando por fin tras casi una semana de enfrentamientos y protestas todo terminó y la calma volvió al Village, algo había cambiado para siempre.
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Los movimientos homófilos y la lucha por los derechos de la comunidad LGBT no nacieron en Stonewall, pero Stonewall señaló un punto de inflexión. De pronto se pasó de reivindicar un pequeño espacio en la sociedad donde pudiéramos vivir sin hacer mucho ruido y sin molestar a nadie, a reivindicar que estábamos ahí y que nos gusta como somos, que no nos íbamos a ir y que no íbamos a cambiar, escondernos o disimular. Ya no pediríamos perdón por ser como somos, ya no nos íbamos a avergonzar, y ya no suplicaríamos la caridad de nadie. Tocaba exigir.
La respuesta a ese cambio de estrategia fue inmediata. Por fin las personas gays, lesbianas, bisexuales y transexuales se podían identificar con una lucha que hasta entonces se había limitado a piquetes hetero normativos de la Sociedad Mattachine, cuyos integrantes daban vueltas con carteles pidiendo derechos y auto reprimiendo cualquier muestra de diferencia. Stonewall fue una inspiración para la comunidad LGBTI americana primero y para el mundo después.
foto-manifestación-1970Tras las revueltas una mecha se encendió en Estados Unidos y las asociaciones de grupos LGBTI se multiplicaron por todo el país. Apareció una prensa gay y ese mismo año nació el Frente de Liberación Gay y la Alianza de Activistas Gays,  grupos que ya no escondían quienes eran tras ambiguos nombres como la Sociedad Mattachine o Las Hijas de Bilitis. Había nacido la visibilidad, el coming out, el orgullo de ser quien eres. Y el 28 de junio de 1970 en el primer aniversario de la revuelta, el Día de la Liberación de Christopher Street, se convocó una manifestación hacia central park.
Si el año anterior el piquete anual de la Sociedad Mattachine que se celebró una semana después de la revuelta había reunido poco más de 50 personas ataviados con sus trajes, corbatas y faldas, dando vueltas en círculos mientras sostenían pancartas que protestaban por el trato que les daban las leyes federales o que reclamaban simplemente que los homosexuales eran personas, un año después, 10.000 personas marcharon por la quinta avenida con carteles donde se podía leer “I’m a lesbian”,”Gay Power” y “Freedom”.
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Y esto no se limitó a Nueva York. El primer año marchas simultáneas se celebraron en los ángeles y Chicago. Al año siguiente el orgullo ya había saltado el charco con manifestaciones en París, Berlín y Estocolmo mientras en Estados Unidos otras ciudades como Boston, Dallas, Atlanta, Detroit, Washington, Miami y Filadelfia se unían a las marchas. Y cada año más y más ciudades de todo el mundo se fueron uniendo, hasta que hoy en día, 44 años después, en un número incontable de ciudades grandes y pequeñas, cientos, miles e incluso millones de personas, se reúnen y marchan una vez al año para decirle al mundo, que estamos aquí con orgullo y que ya no nos escondemos, para mostrarles a aquellos que aún siguen sufriendo la represión, la violencia, la injusticia de leyes, gobiernos y sociedades intolerantes, que no están solos y que sí  que hay esperanza. Y de este modo la lucha continúa y continuará, y a pesar de las prohibiciones, cada año una nueva ciudad o un nuevo país se une a la larga lista de aquellos que celebran el día del orgullo LGBTI.

miércoles, 25 de junio de 2014

“Los derechos LGTB son derechos humanos”


Tiene cuatro años, se llama Matteo y es el amigo inseparable de mi hija pequeña. Nunca se separa de su muñeca, la lleva a todas partes, aunque medio escondida; seguro que ya habrá oído aquello de que un niño no puede jugar con muñecas. El otro día le pregunté: “Matteo, ¿qué tienes ahí?” , y él escondió su muñeca debajo de la camiseta. “¿Es una Barbie?”, le pregunté. Pero él no se atrevió a decir ni una palabra. “Yo tenía una Barbie cuando era pequeño. ¡Me encantaba!”, le dije, mientras mi hija añadía: “Y yo tengo otra”. En ese momento Matteo sacó su muñeca y la levantó como un trofeo para enseñármela y preguntarme emocionado: “¿Era como esta?”. “Parecida”, le dije, “pero la tuya es mucho más bonita”. Desde ese día, siempre viene a enseñarme su muñeca cuando me ve.
Matteo tiene derecho a ser feliz, a jugar con aquello que más le gusta, a ser aceptado y querido tal y como es. A que su padre y su madre lo miren con orgullo y amor. Matteo tiene derecho a no ser señalado y estigmatizado, a crecer viendo respetada su manera de ser. Tiene derecho a recibir una educación en la diversidad donde no haya una forma mejor de ser hombre que otra. Tiene derecho a recibir una educación religiosa que le muestre a un Dios de amor que le acompaña a lo largo de su vida, en cada una de las cosas que hace: en las maravillosas, y en las que no lo son tanto. Tiene derecho a decir algún día de quien se ha enamorado, o quien le gusta, a explicar a sus amistades como ha sido su primera relación sexual, como se ha sentido, que le ha parecido. Tiene derecho a vivir una adolescencia segura, sin ser el blanco de ningún matón, y a que su entorno escolar sea un lugar seguro donde pueda desarrollar todas sus potencialidades.
Matteo, y millones de personas como él en todo el mundo, tienen derecho a decidir si quieren o no quieren casarse, y con quién quieren hacerlo. Tiene derecho a pedir o no una bendición religiosa de su unión, o a celebrarla con un gran banquete con la gente a la que quiere; tiene derecho a elegir hacer eso, o a elegir que no quiere hacerlo. Matteo tiene todo el derecho del mundo a tener hijas e hijos a los que vestir con el mismo cariño con el que viste a sus Barbies. El mismo derecho a formar la familia que él y su pareja deseen. Como todo el mundo debería tener derecho a un empleo, pero además, a un empleo donde no tenga que esconder a quien ama o tenga que fingir que es otra persona.
Matteo debería tener derecho a vivir en paz en el lugar que él desee, pero si la homofobia no se lo permitiese, como a millones y millones de personas que algún día fueron niños o niñas como Matteo y que ahora ven peligrar su vida por una leyes que los criminalizan o incluso los asesinan; debería tener derecho a ser acogido en un país como el nuestro, o cualquier otro donde los derechos humanos estén por encima del derecho de la homofobia.
Si Matteo decide tener hijos e hijas debería tener derecho a que la sociedad en la que vive respete la diversidad familiar. Derecho también a que si es creyente, la religión que profese, integre a su familia como a todas las demás. Matteo puede enfermar, como cualquier otra persona del mundo, y por eso tiene derecho a ser atendido con el respeto y con la dignidad que merece sin dejar a un lado quien es y como es. Si Matteo algún día es seropositivo, tiene derecho a no ser marginado, y a recibir la medicación necesaria para poder vivir… un derecho que no debería depender del país ni del nivel económico que tenga Matteo.
Tiene derecho a envejecer y ser atendido con la misma dignidad que el resto de personas, tiene derecho a vivir su diversidad también cuando sea una persona mayor. La diversidad es algo que nos acompaña toda la vida, no sólo en la adolescencia y juventud. Por eso Matteo tiene derecho a políticas que permitan integrar la diversidad en el último tramo de su vida.
Todo lo dicho es evidente para personas con un mínimo de sensibilidad y empatía, pero la realidad con la que seguimos encontrándonos es que todavía falta mucho para que personas como Matteo tengan los derechos más básicos protegidos. Por eso durante esta semana las celebraciones del Pride girarán entorno al lema: “Los derechos lgtb son derechos humanos”.
Es difícil entender porque el cristianismo no está por los derechos de niños como Matteo. Todavía se mantienen en paradigmas desfasados enfrascados en saber si éste o aquel versículo dice o no dice esta cosa, si aquella palabra puede interpretarse de una u otra manera… Una mirada realmente evangélica se posicionaría claramente al lado de Matteo, para intentar ofrecerle una vida realmente plena y feliz. Pero todavía muchos están ahí, incluso los más avanzados, teorizando con sus teologías y explicándonos griego, antropología hebrea, etc, etc.. pero olvidando la vida de tantos y tantas Matteos que viven a su alrededor. Hay cientos de millones de Matteos en este mundo, y muchos menos versículos con los que estigmatizarlos. Aunque sólo un Matteo, vale más que toda la ley divina  junta.
El próximo viernes día 27 de Junio en Barcelona, Protestants Inclusius se reunirá para decir que los derechos lgtb son derechos humanos, y que nuestro compromiso con el evangelio nos anima a trabajar para que algún día no tengamos que afirmar una cosa tan evidente. Por mucho que los fundamentalistas griten, que saquen toda su artillería pseudoteológica, sabemos bien claro que la homofobia fundamentalista no está del lado de Matteo y su muñeca. Pero con mucha más claridad aún , sabemos que el evangelio sí lo está. Sólo quien desea un mundo mejor para Matteo, está por el evangelio… todo lo demás son excusas para defender un sistema obsoleto que nos puede hacer sentir seguros, pero que no tiene nada que ver con el cristianismo.
Si crees que los derechos lgtb son derechos humanos, si crees que el evangelio te compromete con la defensa de estos derechos:   miles de Matteos te esperan cada día para que pongas tu granito de arena en la construcción de un mundo donde puedan levantar sus barbies como otros niños y niñas levantan sus trofeos.
Carlos Osma

sábado, 14 de junio de 2014

Predicó por vez primera un Sacerdote trans


 Esta semana hemos conocido también que en la Catedral Nacional de Washington, de la Iglesia episcopaliana, ha predicado por vez primera un sacerdote trans, Cameron Partridge. Se trata, conviene recordar, de uno de los templos cristianos más importantes de Estados Unidos, con una notable trayectoria en la defensa de las personas LGTB. En enero de 2013, por ejemplo, se anunció que se celebrarían allí bodas del mismo sexo. Con motivo de la sentencia del Tribunal Supremo anulando la sección tercera de la DOMA, la norma que prohibía a la administración federal reconocer los matrimonios entre personas del mismo sexo, sus campanas tañeron durante casi una hora. La predicación de Partridge es pues plenamente coherente con su línea de acción. En palabras del reverendo Gary Hall, decano de dicha catedral, “Como activista tanto dentro de la Iglesia como en la comunidad en general, espero que la presencia de Cameron en el púlpito enviará un mensaje simbólico de apoyo a una mayor igualdad para la comunidad transgénero, que sufre violencia, discriminación, desempleo, carencia de hogar y desigualdad económica”.
Cameron Partridge es uno de los siete sacerdotes abiertamente trans de la rama estadounidense de la comunión anglicana. Poco antes de ordenarse comentó a su obispo Thomas Shaw que estaba en transición de mujer a varón. El obispo apoyó su decisión y Cameron fue ordenado. Partridge marcó también un hito al ser nombrado capellán en la universidad de Boston en 2011, y durante estos años ha trabajado activamente a favor de la inclusión de las personas trans. Como uno de los resultados más visibles, la catedral episcopaliana de Boston celebra ahora cada año un homenaje en el Día Internacional de la Memoria Transgénero, en recuerdo de quienes han muerto a causa de su identidad de género.
Noticias, en definitiva, que dejan translucir movimientos importantes en el cristianismo protestante norteamericano hacia la igualdad de las personas LGTB. Es significativo además que estos movimientos se extiendan ya más allá de las iglesias “liberales”. Iglesias como la episcopaliana acumulan ya años de aceptación progresiva de las personas LGTB, pero las iglesias baptistas, por ejemplo, siguen siendo fuertemente homófobas. A ello hay que añadir el surgimiento de figuras como el activista gay y cristiano Matthew Vines, de quien ya hemos hablado en entradas anteriores. Procedente de una familia y entorno evangélicos muy conservadores, Vines acabó por aceptar su orientación y considerarla compatible con la Biblia. Un proceso de aceptación que resultó costoso no solo para él, también para su padre, quien ha contado lo duro que le resultó aceptar la homosexualidad de su hijo, que ha traído consigo el alejamiento de su iglesia local.
Como bien ha señalado un periodista de información religiosa de Estados Unidos, parece que las visiones progresistas ganan terreno en las iglesias norteamericanas después de años en que mayoritariamente el protagonismo y la presencia mediática parecían reservadas a los conservadores.
Fuente Dosmanzanas

domingo, 25 de mayo de 2014

Papa besa la mano y concelebra misa con el sacerdote activista pro-homosexual




ROMA, 23 de mayo 2014 ( LifeSiteNews.com ) - El Papa Francisco causó sorpresa a principios de este mes por concelebrar la Misa con y besar la mano en una campaña que lleva  el sacerdote activista homosexual de los cambios en la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad.
 El 6 de mayo, Francisco recibió al sacerdote de 93 años de edad que ha cofundado la organización activista homosexualista,  Agedo Foggia , que se opone a la enseñanza de la Iglesia Católica.

Fr. (Don) Michele de Paolis concelebró la Misa con el Papa Francisco en el Domus Santa Martha y luego presentó al pontífice con los regalos de un cáliz y una patena de madera y una copia de su más reciente libro, "Querido Don Michele - preguntas a un sacerdote inconveniente".
En un libro anterior, Don Michele escribió: 
"el amor homosexual es un regalo de (Dios) no inferior a heterosexual." También desacreditó la idea de las parejas homosexuales no tener relaciones sexuales.
Francisco cerró la reunión por besar la mano del sacerdote, un gesto que el periódico de extrema izquierda L'immediato llamó a uno ", revelando la humildad de un gran hombre a otro de la misma estatura." De Paolis describió el mismo gesto papal inusual en un poste a  su página de Facebook , diciendo que él pidió a Francisco para una audiencia con otra organización del sacerdote, la Comunidad de Emaús: "¿Es eso posible?"
Él dijo que el Papa respondió: "Cualquier cosa es posible.Hable con el cardenal Maradiaga el cual preparará todo ".  
"Y luego (increíblemente) besó mi mano! Lo abracé y lloré ", dijo De Paolis concluyó.
El gesto ha hecho una especie de sensación en los medios de comunicación italianos y 'blogs ya que de Paolis es una figura bien conocida en Italia como un apologista de oficina principal para la ideología homosexualista. Él aparentemente se reunió con Francisco en su calidad de fundador de Emaús Comunidad en la ciudad italiana meridional de Foggia que ayuda a los pobres y los que sufren de SIDA.
Pero es por su cofundador de Agedo Foggia, una "asociación de padres, familiares y amigos de los homosexuales" (Associazione di genitori, parenti e amici di persone omosessuali) - que las campañas para promover el homosexualista y la ideología de género en la sociedad italiana y la Iglesia - que él es el más conocido en este país.
LSN preguntó el portavoz del Vaticano el padre. Frederico Lombardi una aclaración en cuanto a la naturaleza del encuentro, pero no recibió respuesta de la hora del cierre.