viernes, 23 de marzo de 2012

El cardenal Martini defiende las uniones civiles de los homosexuales


Religión Digital Mundo
Partidario de la abolición del celibato y del diaconado para las mujeres

El cardenal emérito de Milán, Carlo Maria Martini, se ha mostrado a favor de "cierta estabilidad" para las parejas homosexuales. "Yo no me las tomaría demasiado si el Estado concediera algún beneficio a los homosexuales", afirma el purpurado en el libro "Creer y conocer" (Ed. Einaudi), que saldrá a la venta próximamente y que recoge sus conversaciones con el senador italiano Ignazio Marino.
"No es un mal que, en lugar de relaciones homosexuales ocasionales, dos personas tengan una cierta estabilidad y por lo tanto en este sentido el Estado podría también favorecerlos", subraya Martini, quien insiste en que "yo pienso que la familia tenga que ser defendida, porque es verdaderamente la que sostiene la sociedad de una manera estable y permanente y por el papel fundamental que ejerce en la educación de los hijos".
Martini apoya "el matrimonio tradicional con todos sus valores y estoy convencido de que no deba ser puesto en discusión". No obstante, añade, "si luego dos personas de sexo distinto o también del mismo sexo, ambicionan firmar un pacto para dar una cierta estabilidad a su pareja, ¿por qué queremos absolutamente que no pueda ser?".
"Yo no me las tomaría demasiado si el Estado concediera algún beneficio a los homosexuales", afirma, subrayando que la iglesia católica promociona las uniones que son favorables a la continuación de la especie humana y a su estabilidad", pero añade que no le parece "justo expresar discriminación alguna hacia otros tipos de unión".
En el libro, el cardenal, de 85 años y que vive en Jerusalén, apunta que la pareja homosexual "no podrá ser nunca equiparada en todo al matrimonio". Aunque en este sentido también considera que ni "la pareja heterosexual ni el matrimonio deban ser defendidos o apuntalados con medidas extraordinarias, ya que se fundamentan en valores talmente fuertes que no me parece necesiten una tutela".
Tras ilustrar que está dispuesto a "admitir el valor de una amistad duradera y fiel entre dos personas del mismo sexo", el cardenal Martini rechaza que las uniones gays sean "erigidas como modelo de vida, tal como puede serlo una familia con éxito" o "exhibidas de una manera que ofenda a las convicciones de muchos".
Condena de la pedofilia
Sobre el delito horrible y repugnante de la pedofilia en el interno de la Iglesia, el cardenal Martini es contundente: «Hay que ser inflexibles con quienes tienen inclinaciones por esas patologías peligrosas, y rigurosos para excluirlos de inmediato de la vida sacerdotal y de la consagración religiosa».
Preservativo, mal menor
Por otro lado, hablando de sexualidad, el cardenal Martini advierte: «El uso del preservativo puede constituir en ciertas situaciones un mal menor».
El cardenal Martini, que se muestra abierto a la abolición del celibato para los curas y a favor del diaconado para las mujeres, no elude afrontar los argumentos delicados y las novedades de la investigación, con una premisa: «La historia nos enseña cómo la clausura apriorística de la Iglesia frente a los inevitables cambios ligados al progreso de la ciencia y de la técnica no haya sido nunca de gran utilidad. Galileo Galilei docet».
El arzobispo emérito de Milán, que mantiene gran predicamento, en el mundo católico y laico, por sus escritos y opiniones, cuida mensualmente una página, muy seguida, del «Corriere della Sera», en la que contesta a preguntas de los lectores sobre cuestiones de la fe y de la vida. Con la enfermedad de parkingson muy avanzada y grandes dificultades para hablar, el cardenal Martini ha dicho con serenidad en alguna ocasión que «siento la muerte como inminente»

domingo, 18 de marzo de 2012

El Judaísmo Reformado se declara a favor de la aprobación del matrimonio igualitario en Reino Unido

En contraste con la abierta hostilidad de la Iglesia Católica y la más moderada oposición de la iglesia de Inglaterra, una nueva confesión religiosa se ha mostrado a favor de la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en Reino Unido. Se trata del Movimiento por el Judaísmo Reformado, que se une a otros grupos religiosos minoritarios que desde hace tiempo vienen reclamando al estado británico no ponga límites a la libertad religiosa y permita a aquellas confesiones que así lo decidan celebrar matrimonios con plena validez legal.
Se trata de grupos como el movimiento unitario, el Judaísmo Liberal, los cuáqueros (que llevan reclamando desde 2009 que el matrimonio religioso entre parejas del mismo sexo sea reconocido civilmente por el Reino Unido), la Iglesia de la Comunidad Metropolitana o la Federación Pagana británica, que hace pocos meses se reunían en Edimburgo para solicitar al Gobierno escocés, que como sabemos ha abierto un proceso de consultas sobre el tema, que permita la celebración de estos matrimonios. Estos grupos consideraron entonces que su prohibición suponía una “importante intrusión” del estado en la libertad religiosa, así como un ataque a la familia. “El hecho de que la mayoría de las parejas gays y lesbianas quieran disponer del derecho a contraer matrimonio tanto civil como religioso es en sí mismo un testimonio del poder de la familia”, señalaba entonces el rabino Mark Solomon, representante del Judaísmo Liberal.
Ahora, una vez que el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo adquiere una dimensión aún mayor tras la decisión del primer ministro británico David Cameron de promover su aprobación, el Movimiento por el Judaísmo Reformado se suma a este grupo de confesiones religiosas. El hecho de que tanto este grupo como el Judaísmo Liberal apoyen el matrimonio igualitario supone que este tiene ya el apoyo de un tercio de la comunidad judía británica.
Conviene precisar que el judaísmo está conformado por ramas y tradiciones dispares entre sí, también en lo que a la aceptación de la homosexualidad se refiere. No faltan las corrientes inclusivas, a las que nos hemos referido en numerosas ocasiones. En junio de 2011, por ejemplo, recogíamos la ordenación de la primera rabina abiertamente lesbiana por parte del Seminario Teológico Judío de Nueva York. Y en diciembre de 2009 conocimos la invitación de Barack Obama a la Casa Blanca a otra rabina lesbiana con motivo de la Hanukkah (Fiesta de las Luminarias). Meses antes conocíamos las tesis de Steven Greenberg, rabino adscrito a la corriente ortodoxa del judaísmo estadounidense y abiertamente gay, que defendía la compatibilidad entre ser homosexual y creyente judío.
Más recientemente, en enero de este mismo año, conocíamos la decisión de la Comunidad Judía de Ámsterdam de suspender a su gran rabino por firmar una declaración que sostiene que la homosexualidad “se puede superar”.
Ya en el terreno de la política, pero sin movernos del debate sobre el matrimonio igualitario en Reino Unido, no podemos dejar de hacer referencia a las muy importantes declaraciones de Francis Maude, destacado político conservador que ejerce como ministro de la Presidencia en el Gobierno de David Cameron. Maude ha advertido este miércoles a su partido que debe apoyar la iniciativa de Cameron para aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo si no quieren correr el riesgo de volverse “inelegibles”. “El Partido Conservador sufrirá si lo que se percibe de él es que quiere volver atrás, a una imaginaria edad de oro. No puedes hacer política mirando las cosas por un retrovisor tintado de rosa”, ha argumentado el ministro Maude. “No deberíamos asumir arrogantemente que siempre sabemos lo que es mejor y que la sociedad debe adaptarse a nuestras expectativas en lugar de ser nosotros los que nos adaptemos a los cambios sociales“, ha añadido.

sábado, 17 de marzo de 2012

La Iglesia holandesa castró a 10 menores en 1950 Para reprimmir su homosexualidad

Al menos 10 menores fueron castrados por la Iglesia Católica holandesa en 1950 para reprimir sus impulsos homosexuales, según ha denunciado el diario holandés NRC Handelsblad.
La castración se practicó sobre aquellos menores que estaban internados bajo la custodia de la Iglesia Católica en centros psiquiátricos durante los años cincuenta. Se sospechaba que las víctimas de los abusos eran homosexuales y la castración se realizó como un acto de liberación. Esta medida también se aplicó sobre aquellos niños que trataron de dar la voz de alarma para denunciar los abusos, según las fuentes citadas por el diario.
Las pruebas recabadas demuestran que un joven sufrió estos abusos y hay evidencias significativas de que al menos otros 10 menores fueron privados de sus testículos. Estas pruebas incluyen documentos, grabaciones médicas, notificaciones de abogados y cartas privadas.
Estos abusos fueron denunciados en 2010 a la Comisión Deetman que se creó para investigar los abusos sexuales a menores que la Iglesia Católica cometió en Holanda. La investigación de estas prácticas dió lugar a un informe que se terminó de elaborar en diciembre de 2011 en el que no se hacía mención explícita a las víctimas de castración.
El diario NRC hace referencia en su información al intento de un destacado político holandés, Victor Marijnen, que llegó a ser primer ministro neerlandés entre 1963 y 1965, que trató de garantizar el perdón real a los religiosos condenados por los abusos sexuales en el centro Harreveld, un internado para menores holandeses.
Marijnen presidió el consejo de administración del internado de Harreveld en la época en la que se cometieron los abusos sexuales. Además fue vicepresidente de la principal agencia de protección de menores de los Países Bajos y líder del extinto Partido Popular Católico (KVP) que terminó por fusionarse con grupos protestantes para formar el Partido Democristiano.
La Comisión Deetman ha respondido que no llegó a incluir ninguna mención a la castración de menores en su informe final porque no tenía indicios suficientes para continuar la investigación. Tampoco informó de la actuación de Victor Marijnen porque el caso estaba vinculado sin lugar a dudas a circunstancias que podrían haber guiado hacia la fuente particular de las denuncias. De hecho, la comisión mantiene en el anonimato en su informe a otras personas con el objetivo de proteger su intimidad.
(Rd/Agencias

miércoles, 14 de marzo de 2012

Marcos Lattime, obispo episcopal del Estado de Alaska ha apoyado el matrimonio de parejas homosexuales.

Marcos Lattime, obispo de la Diócesis Episcopal de Alaska, ha mostrado su apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo ante las diversas campañas a favor de la igualdad que están llevando a cabo colectivos de minorías sexuales en el Estado norteamericano. El obispo ha defendido que los creyentes deben apoyar la igualdad ciudadana.

El obispo de la Diócesis Episcopal del Estado norteamericano de Alaska, Marcos Lattime, ha enviado una carta a los medios de comunicación de la región estadounidense dando a conocer su apoyo a una iniciativa a favor de la igualdad de derechos emprendida por distintos colectivos de minorías sexuales del Estado.
“Nosotros, los que apoyamos la vida de Jesús, también apoyamos una vida de lucha por una nueva identidad en un mundo restaurado por la gracia de la vida resucitada de Jesucristo nuestro Señor”, ha manifestado el obispo norteamericano.
“Es por el espíritu de lucha por la identidad bautismal de Cristo por lo que extiendo mi apoyo y mis oraciones hacia su búsqueda de apoyos para la Iniciativa de Igualdad de Derechos”, ha manifestado el obispo en su carta enviada a un colectivo LGTB y a la prensa.
El líder religioso ha defendido que “el Pacto Bautismal, tal como se expresa en nuestro libro de oraciones, nos llama a luchar por la justicia, la paz y el respeto a la dignidad de todo ser humano. Trabajar y orar por una protección justa y adecuada conforme a la ley de todos los seres humanos es, sin duda, una fiel expresión de la vocación más alta del Pacto Bautismal”.
“La Iglesia Episcopal, a través de las acciones de la Convención General, tiene una larga historia de lucha con la sociedad, ayudando a quienes están en los márgenes de la misma y a aquellos que son más vulnerables a la discriminación”, ha manifestado Lattime.
El obispo norteamericano ha expresado que da “gracias por el ejemplo de la Iglesia Episcopal en la lucha contra la discriminación y por el trabajo de aquellos que trabajan por la inclusión de quienes no se ven protegidos por las actuales leyes contra la discriminación, en especial en cuanto a lesbianas, gays y transexuales”.
La Iglesia Episcopal de Estados Unidos ya sorprendió en el año 2009 al condenar la discriminación que sufre la diversidad sexual, apoyar el matrimonio igualitario y permitir el nombramiento de obispos abiertamente homosexuales.

lunes, 12 de marzo de 2012

Suspenden a un cura por negar la comunión a una lesbiana


"No puedo darte esta comunión porque vives con una mujer y eso es pecado para la Iglesia"

El reverendo ha sido apartado de sus funciones clericales por desarrollar un "comportamiento intimidatorio con los miembros de la parroquia"

La Archdiócesis de la ciudad de Washington (Distrito de Columbia, EEUU) ha suspendido al reverendo Marcel Guarnizo por negarle la comunión a una lesbiana durante el funeral de su madre.

"No puedo darte esta comunión porque vives con una mujer y eso es pecado para la Iglesia", le espetó Guarnizo a Barbara Johnson, hija de la fallecida, quien recibió la posterior disculpa de la Archidiócesis.
Ahora, según informa The Washington Post, el reverendo ha sido apartado de sus funciones clericales por desarrollar un "comportamiento intimidatorio con los miembros de la parroquia" que es "incompatible con un correcto ministerio sacerdotal".

Así lo asegura la propia Archidiócesis a través de una carta publicada por Real Clear Religion, en la que se anuncia su cese pero se deja la puerta abierta a su retorno. "El padre Guarnizo tiene prohibido ejercer cualquier tipo de ministerio sacerdotal en la Archidiócesis de Washington hasta que sean resueltos todos los asuntos se puedan resolver de manera apropiada, con la esperanza de que pueda volver al sacerdocio", dice la misiva.
(Rd/Agencias)

miércoles, 22 de febrero de 2012

“Se busca iglesia para hijas de dos padres gays”

Del blog Homoprotestantes:
Sí, tenemos que reconocer que “nuestra iglesia” no nos sirve en nuestra labor como padres…. Y no porque allí no se predique el mensaje de Jesucristo que queremos transmitir a nuestras dos hijas, o porque no haya un firme compromiso por los valores del evangelio que creemos indispensables para su educación. No, no es por eso. Nunca antes habíamos conocido una comunidad como “la nuestra” donde se insta a mujeres y hombres a comprometerse como cristianos en la realidad que les envuelve, a ser personas y cristianos adultos que se atreven a pensar por sí mismos, y a convivir fraternalmente con quienes piensan diferente.
¡Que maravilla haber formado parte de una comunidad como esa! Y que gran dolor tener que abandonarla. De todas formas, no tenemos la sensación de dejarla completamente, una cosa son las decisiones que debemos tomar por nuestro bien y el de nuestra familia, y otra la profunda amistad que nos une con tantas y tantas personas con las que hemos compartido cosas reales y verdaderas durante mucho tiempo. Sabemos bien que si hace ahora más de once años no hubiésemos entrado en esa iglesia, nuestra fe se hubiese ahogado en el desolador mar de conservadurismo y fundamentalismo que recorre el panorama evangélico español. Por eso, las críticas que en ocasiones he vertido hacia ella no deben leerse nunca desde el rencor, sino desde el amor y agradecimiento que siento por ella.
No es una iglesia perfecta, como cualquier otra comunidad que pretende seguir a Jesús tiene sus contradicciones e imperfecciones. No pedimos lo que no puede ser, sabemos que también nosotros debemos aceptarla tal y como es, y así lo hemos hecho todos estos años. Sin embargo, hemos encontrado un escollo imposible de superar, su posicionamiento ante las personas, parejas y familias lgtb que, por muy avanzado que sea frente a otras iglesias, es inasumible para cualquier persona lgtb que respete la dignidad que Dios le ha dado, y se tome en serio su proyecto familiar. Es imposible para una familia cristiana formada por dos hombres que quieren proteger a sus hijas de los mensajes homófonos que las envuelven, transmitirle el amor de Dios por todo ser humano, dentro de una comunidad que no reconoce su realidad familiar. El armario es muy doloroso, aunque esté dentro de una iglesia… y como cualquier padre o madre entenderá, meter a sus hijas en él, sabiendo lo que esto significa, parece más bien un pecado inaceptable.
Así que aquí estamos, a la intemperie, como María y José ante la puerta del Mesón que se acaba de cerrar, y sin saber todavía donde pasar la noche. Buscando una comunidad en la que a nadie se le obligue a pensar lo que no piensa, y en la que todos y todas podamos vivir el evangelio desde nuestra realidad personal y familiar, también nuestras hijas. Una comunidad imperfecta como la que era “nuestra”, donde ser mujer sea un regalo y no una imposición. Donde cada una de nuestras hijas pueda llegar a ser la mujer que quiera ser, y amar a quien realmente quiera. Una comunidad donde tener dos padres, dos madres, uno de cada, o cualquier otra realidad familiar, sólo les diga que existe gente que las quiere y se preocupa por ellas. Una comunidad cristiana real, no buscamos nada más.
Sólo buscamos eso, una comunidad basada en los principios del evangelio, no en costumbres y prejuicios. Una comunidad de amor para todas y todos, no sólo para la mayoría. Una comunidad como la que hasta ahora era “la nuestra”, pero que lleve la vocación a la que se sabe llamada, hasta las últimas consecuencias.

lunes, 6 de febrero de 2012

“Betania en Colores”: Curas y monjas con tendencia homosexual crean un grupo secreto para orar y entenderse.

‘Betania en colores’  se reúne de forma clandestina en Madrid, los miércoles en un apartamento y los sábados en una parroquia.
Surge cuando más beligerante es la Iglesia con los derechos de los gays.
Comparten vida consagrada a Dios y una “tendencia homo-afectivo-sexual”, que es como definen su homosexualidad vivida en celibato.
Sacerdotes, frailes y monjas ocultan su identidad en este reportaje por temor a represalias del obispado y para no perturbar a sus congregaciones.
Como cada miércoles desde diciembre, C. llega la primera al portal. Sube al primer piso y entra en el apartamento de Lavapiés que sirve de sede clandestina a ‘Betania en Colores‘, una agrupación de religiosos cristianos creada para “conciliar su vocación religiosa” y su “tendencia homo-afectiva-sexual”.
C. tiene 45 años y es una monja lesbiana. Está consagrada a Dios -con los votos de obediencia, pobreza y castidad-, pero no lleva hábito. Pertenece a un instituto de vida secular de inspiración Paulina: “Más pistas no me parece prudente dar”, dice.
El piso -40 metros y vacío- no es muy acogedor, pero sí un lugar discreto. Se lo ha cedido V., un gay profundamente cristiano, impulsor de esta agrupación y el único laico al que la comunidad permite el acceso a la oración.
Son casi las nueve de la noche y, poco a poco, va llegando el resto de los miembros de Betania -nombre que hace referencia a la “aldea en la que Jesús tenía buenos amigos“-.
El número de asistentes a la liturgia fluctúa por semanas, no menos de seis -los habituales- y no más de doce. Pertenecen a distintas órdenes religiosas: franciscanos, jesuitas, misioneras, carmelitas… Hay un seglar de una orden terciaria, una mujer de una prelatura personal, y un misionero parisino, Jean. Casi todos rebasan la cuarentena y sin sotanas ni hábitos todos pasarían por laicos, excepción hecha de una religiosa que viste una falda azul marino tal vez demasiado larga.
El origen de Betania
La idea de fundar la agrupación Betania surgió dos años atrás. V. acudía como portavoz de Crismhom -una asociación cristiana por la diversidad sexual- a un encuentro nacional sobre homosexualidad y catolicismo en Toledo. Allí conoció a varios religiosos y de sus charlas surgió “la necesidad de crear un espacio propio, donde ellos pudieran fundir vocación y tendencia homo-afectiva-sexual”.
Estos religiosos han vivido en el pasado su identidad sexual “con vergüenza”, “negación” y “frustración”, según explican en su carta de presentación. Unirse les ha ayudado a comprender que su inclinación sexual, lejos de un “error, pecado o cruz” es un “regalo de Dios” que da sentido y apuntala su vocación.
En el piso de Lavapiés, C. abre la puerta a J., el sacerdote que preside sus celebraciones eucarísticas. J., que también viste de calle, prefiere no hablar y pasa de puntillas por este reportaje. Teme ser apartado de sus funciones por la Diócesis si trasciende que dirige el rezo y confiesa a un grupo de religiosos homosexuales.
La ceremonia se llama las Vísperas y dura tres cuartos de hora. Es la oración que marca el diurnal, la misma que se reza hoy desde Perú a Australia. En este salón con una decena de sillas dispuestas en círculo en torno a una mesa en la que descansan dos iconos bizantinos (de un cristo con su amigo y de una virgen con su niño) y las escrituras abiertas, el cura tiene a gala hacer un uso no sexista del lenguaje. Siempre dice: “Dios padre y madre“. Tras los salmos y cánticos, el grupo pide por las víctimas de agresiones homófobas y lamenta la última salida de tono del papa Benedicto XVI, que ha dicho que los matrimonios homosexuales “acabarán con la humanidad”.
Más homosexuales en la Iglesia
La Iglesia Católica califica de “conducta desviada” la homosexualidad y veta a los que tengan una “profunda y marcada tendencia homosexual” en sus seminarios desde que salieron a la luz miles de denuncias por abusos sexuales en parroquias y colegios. Sin embargo “la representatividad gay en la Iglesia (en torno al 30%) es superior a la de la sociedad (6-10%)”, informa Juan Antonio Férriz, portavoz de asuntos religiosos de la Federación Española de asociaciones pro derechos LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales).
La monja C. supo que a ella le atraían “más las chicas que los chicos” a la vez que sintió “la llamada personal de Dios” al estado religioso. “Fueron años de mucha confusión”, reconoce. “Dentro de la Iglesia, y en mi congregación en particular, el tema sexual es tabú”, añade para explicar por qué acude a Betania: “No tengo crisis vocacionales, pero a veces necesito hablar, desfogarme, contar a alguien mis dificultades”. A ella le alivia saber que no es única, que hay otros religiosos homosexuales.
Los miércoles de Betania son una cita mitad acto religioso, mitad terapia grupal. Tras la oración, una tortilla de patata y unos refrescos sustituyen a los iconos litúrgicos sobre la mesa del salón. Los religiosos toman un piscolabis y hablan en corrillos “de sus cosas más personales“, cuenta el impulsor de estos encuentros, V. Entre otros temas, hablan de cómo lidian en su día a día con la homosexualidad en el seno de una Iglesia que no los acepta.
Los religiosos homosexuales de Betania confiesan que sufren los “reproches” cada vez más constantes por parte de la jerarquía católica española contra los derechos de los gays.
“Me duele mucho porque esas declaraciones no se basan en una mera opinión, sino que están cargadas de odio, violencia y rechazo y el cristianismo predica lo contrario: amor, acogida, perdón”, se indigna C., que destaca la férrea determinación de los cristianos homosexuales de seguir formando parte de la Iglesia.
Jean es un monje que ha venido a estudiar a Madrid, antes de marcharse de misones a África. En Francia pertenece a una agrupación parecida a Betania, de nombre ‘Pescadores de Hombres‘. Jean se acepta como “religioso gay” y participa activamente en todas las citas de esta agrupación. Él presiente que la jerarquía francesa habla menos de homosexualidad que la española y reprocha a la curia romana que hable “tanto de homosexualidad y tan poco de crisis, desigualdades, desastres ecológicos, pobreza… eso sí son pecados que claman al cielo y no que Pedro ame a Antonio“, dice.
El voto de castidad
Carmen también viene a Betania. Tiene 47 años y es miembro “agregado” de un instituto secular de la Iglesia católica “de nombre en latín” a la que prefiere referirse como “la institución”. Cuenta que mantiene, “en secreto, claro”, una relación con otra mujer desde hace ocho años. “Vivo una doble vida, entre una vocación de entrega a Dios y una tendencia homo-afectiva que es causa de una gran tensión”. Lo ha pasado francamente mal. Ha estado al borde del suicidio, pero en Betania ha encontrado “un espacio de paz”.
El pecado no es un tema del que se hable mucho en Betania, confiesa el impulsor de la agrupación, V. En general, los religiosos se mantienen firmes en su voto de castidad. “Independientemente de si un día fallan, que entonces se levantan y siguen”, explica. Pero entre ellos tampoco existe una visión monolítica del celibato: “Hay una monja intentando entrar en el grupo que defiende que ella es religiosa de corazón, más allá de que haga esto o aquello. Nadie va a juzgarla…, pero por el momento no está en Betania”.
Pese a su corta vida, la agrupación ya ha recibido numerosas solicitudes de acceso. En su mayoría de exreligiosos que dejaron sus respectivas órdenes tras reivindicarse como homosexuales. Pero Betania avanza despacio. “No queremos crecer por crecer”, explica V. “Si eres religioso y tienes condición homo-afectiva-sexual y quieres entrar, primero debes llevarlo a oración durante cierto tiempo y si el Espíritu Santo te sigue pidiendo acercarte, ponte en contacto y ten paciencia” hasta que la agrupación de su visto bueno, sugieren en su web.
La clandestinidad
Betania necesita perdurar en la clandestinidad para rezar por los gays y las lesbianas. La visibilidad y la reivindicación de los derechos LGTB es una lucha que dejan en manos de las 19 asociaciones de fieles cristianos homosexuales que hay en España, como Crismhom, y de una emergente teología ‘queer’.
“No creo que pudiéramos mostrarnos públicamente sin riesgo de ser amonestados por nuestras comunidades. Suena duro, pero así están las cosas en la Iglesia de Madrid”, se justifica, apenada, C, que mantiene en secreto su homosexualidad en el seno de su congregación por “no preocupar a mis hermanas”, dice.
El sábado es la segunda cita de la semana para los miembros de Betania. Esta vez acuden a una parroquia de la capital y ni siquiera V., el laico del grupo, tiene permiso de entrada. Aprovechando que el cura principal se ausenta ese día, acceden a una capilla pequeña y, en el más íntimo secreto, celebran una Santa Eucaristía, seguida de un rato de Acción de Gracias que culminan con un desayuno. Todo antes de regresar, cada uno y cada una, a sus comunidades para seguir con sus tareas cotidianas.