JESUS ocupó el último lugar: rechazado, condenado, para demostrar ,cómo Dios ama realidades distintas que no tienen nada que ver con el “sabio”, el “poderoso”, el “justo” de nuestro mundo.Trabajamos por: IGUALDAD e INCLUSION ni santos ni pecadores.Todos somos Iglesia.Creando espacios para celebrar la fe y compartirla .DIVERSIDAD SEXUAL Sí a los derechos de LGBT no a la homofobia. EQUIDAD DE GENERO contra la violencia a la mujer y el abuso infantil. SOLIDARIDAD con los mas necesitados.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Apuntes para una pastoral católica gay
Mi primer contacto con J. Alison data del año 1993, cuando preparé y prologué la traducción castellana de su libro Cristología de la No-Violencia (Salamanca 1994). Desde entonces he mantenido con él un contacto epistolar que me hubiera gustado que fuera más frecuente. Le admiro en el plano personal y pienso con él (¡no lo mismo que él!) en el plano teológico y personal.
Por esta vieja relación que mantenemos, y por el valor de su figura y de su obra, quiero incluir dos trabajos:
a. Una semblanza de J. Alison, tomada de mi Diccionario sobre pensadores cristianos, donde él tiene un puesto por derecho propio.
b. Un trabajo de J. Alison, dedicado al tema de la "pastoral" católica gay, uno de los textos más impactantes que he leído en los últimos meses.
Da la impresión de la que Iglesia no quiere una pastoral-gay, sino una supresión (conversión) de los gays. Éste es un tema clave de la teología y, en conjunto, de la Iglesia actual. Nos estamos jugando en parte el futuro el evangelio. Lea quien quiera seguir pensando sobre el tema (y aprendiendo). A todos recomiendo el portal de J. Alison: http://www.jamesalison.co.uk/cas/
ALISON, JAMES (1959- )
(X. Pikaza, Diccionario de Pensadores Cristianos, VD, Estella 2000)
Teólogo inglés, convertido al catolicismo. Ha sido dominico, es presbítero. Ha venido realizando una intensa labor de catequesis y presencia cristiana en Inglaterra y América del Sur (Brasil, Chile) y entiende su tarea intelectual como un intento de elaborar, desde el evangelio y al interior de la iglesia, un tipo de teología que esté abierta a los diversos tipos de amor (entre ellos el amor gay), a la luz de la experiencia liberadora y gozosa de Cristo.
Su primera obra traducida al castellano fue Conocer a Jesús. Cristología de la no-violencia (Salamanca 1994), a la que yo mismo puse el prólogo, y en ella desarrollaba una visión no-sacrificial de la religión, apoyada en R. Girard. Después ha publicado El retorno de Abel. Las huellas de la imaginación escatológica (Barcelona 1999), insistiendo en el mismo argumento, pero fijándose sobre todo en la experiencia pascual y en la superación de diversos tipos de imposición sacrificial, sobre todo aquella que se ejerce sobre personas que tienen orientaciones afectivas y sexuales distintas de las oficialmente establecidas. Ese argumento está en el centro de Una fe más allá del resentimiento. Fragmentos católicos en clave gay (Barcelona 2003). Alison ha desarrollado así una teología desestabilizadora para el orden oficial de la iglesia católica (más reservada ante el amor-gay), pero tranquilizadora para millones de personas.
1. La teología de Alison puede resultar desestabilizadora porque ha ido desmontando, desde el evangelio, los supuestos y bases culturales de un sistema de opresión, sobre el que se edifica una teología que pretende ser “natural” (ser fiel a la naturaleza), pero que termina acusando a los gays de algún tipo de malformación o defecto (físico, psicológico o religioso). En contra de eso, Alison considera a los gays y lesbianas como personas normales y especiales, en un mundo donde todos somos especiales y distintos, debiendo trazar nuestra identidad desde la diferencia personal.
A fin de poner de relieve la dignidad y el valor personal de los gays, Alison ha estudiado el tema de otros colectivos que han sido marginados a lo largo de la historia cristiana, desde la perspectiva de algunos textos muy significativos de la Biblia: el ciego de nacimiento de Jn 9, Jonás en Nínive, las “diferencias” de Ezequiel, las polémicas de Jesús en Jn 8, etc. Este ejercicio teológico le sirve para superar las bases de un cristianismo y de una iglesia edificada sobre estructuras clasistas, impositivas y moralistas, situándose en el lugar donde el evangelio vincula a todos los hombres y mujeres ante la gracia creadora de Dios.
2. La obra de Alison es, al mismo tiempo, muy tranquilizadora, porque intenta y consigue superar el nivel del resentimiento y el desquite, es decir, del juicio y la revancha en que se sitúa una parte considerable de la tradición eclesiástica. No echa la culpa a otros, no se limita a invertir la situación, condenando a los antes condenadores y absolviendo a los antes culpables. Al contrario, ella ofrece para todos, gays y héteros, hombres y mujeres, clérigos y laicos, unos espacios de fraternidad abierta, desde los últimos de este mundo, en línea eucarística.
En este contexto, ella puede presentarse como expresión de una experiencia ecuménica en el amplio sentido de la palabra, ella aparece como un testimonio de la dignidad personal de los gays y como una protesta contra todo tipo de discriminación sexual, matrimonial o ministerial que se establece en contra de ellos, desde el valor radical de la persona. De todas formas, a pesar de su importancia, el conjunto de la obra de J. Alison deja abiertos algunos temas significativos, que deben seguir estudiándose en la línea que él ha iniciado, a partir del Evangelio de Jesús, leído con la ayuda del pensamiento no-sacrificial de R. Girard.
a. Hay que estudiar mejor el sentido de la paternidad-maternidad en perspectiva no patriarcal, para expresar así el don de la vida. La recuperación cristiana del amor gay puede y debe de ayudarnos a entender otras formas de amor, incluso heterosexual, desde la perspectiva del nacimiento y educación de los hijos. También es importante vincular el amor gay con la experiencia del enamoramiento místico, en la línea desarrollada, por ejemplo, por San Juan de la Cruz.
b. En el momento actual de la Iglesia católica debe relacionarse el amor gay con los ministerios eclesiales. Por lo que yo sé, Alison no ha planteado de manera expresa el tema, aunque ese tema ha sido uno de los que ha marcado con más fuerza su vida en los últimos años (y la vida de la Iglesia).
c. En el fondo de Alison hay una opción preferencial por los diversos tipos de “pobres”, pero (que yo sepa) él no ha explicitado todavía esa opción en un modo ecuménico, en diálogo con otras culturas y religiones; quizá la defensa del amor gay puede ser un camino de comunión y ecumenismo que se debe explorar en el futuro..
Otras obras: On Being Liked (London 2004); Undergoing God: Dispatches from the Scene of a Break-In (London 2006); Stricken by God? Nonviolent Identification and the Victory of Christ (edición de B. Jersak y M. Hardin, London 2007).
De la imposibilidad a la responsabilidad: apuntes para una pastoral católica gay
Por James Alison
(cf. http://www.lafamiliacristiana.com.mx/vidapastoral/articulo.php?id=132)
Si un domingo por la noche voy calle abajo de donde se ubica mi departamento en São Paulo, hay algo de lo que puedo estar seguro: encontraré cientos de chicos; en realidad, chicos gays y lesbianas de entre 14 y 18 años de edad. Emos, góticos, con mohicanos y piercings, con la marca de diseñador de su ropa interior cuidadosamente visible, y con cuanta variedad en el vestir sea imaginable como demostración de toda la ansiedad y la gloria de la adolescencia. ¿Y por qué justo allí? Pues bien, hay un club grande en la esquina, en este que es el más popular de los dos principales barrios gays de São Paulo, que alberga una “matiné” o “función para menores de edad” los domingos por la tarde. Hay realmente varios clubes de ese tipo, pero éste es el mejor ubicado.
Así es que, desde alrededor de las 4 p.m. y hasta cerca de la medianoche, los chicos que no serían capaces de entrar en un club regular a las horas nocturnas normales, pueden divertirse; cosa que hacen, tanto en el club como fuera de él, para disgusto de los conductores locales que se ven obligados a avanzar muy lentamente, ante la ineficacia del semáforo y bajo la mirada de una discreta presencia policiaca destinada principalmente a proteger a los jóvenes de brotes de violencia ocasionales. Al fin y al cabo, de cuando en cuando los “cabezas rapadas” deciden envalentonarse, apareciéndose para dar a “los maricones” una ligerita paliza dominical. Para mi gran sorpresa, nunca he visto adultos depredadores merodeando al acecho de chicos menores de edad. En realidad, no estoy del todo seguro si los chicos siquiera se darían cuenta de que alguien lo intentara, dado que parecen encontrarse tan completamente inmersos en su propio mundo. Si alguien lo intentara, entonces, bueno, la actitud puede ser un arma fulminante, y estos chicos poseen actitud por montones.
¿Por qué comencé con esta imagen? Si ustedes me hubieran dicho, hace quince o veinte años, que algo como esto sería considerado realmente como muy normal en una ciudad importante, lo hubiera pensado imposible. La total normalidad, la adorable aunque ligeramente histérica banalidad adolescente de todo esto es lo que parecería imposible. Hasta donde puedo entender, he aquí una generación cuya introducción en el mundo del cortejo, de las citas y de formar parejas, sucede al mismo tiempo que la de sus contemporáneos de la escuela media y de la secundaria, teniendo como fondo la misma música, moda, arranques de angustia, competencias de berridos y demás. A pesar de que los chicos de mi barrio son capaces de expresarse de una forma particularmente libre, el hecho de que su patrón de relación sea con personas del mismo sexo no parece ser, en ningún sentido, la característica más llamativa o importante de cuanto rige sus vidas.
Ahora bien, permítanme llevarlos aún más abajo de la misma calle, justo pasando mi puerta delantera, de hecho. Al principio, no podrán notarlo, en medio de todas las formas normales de vida gay de acera, con grandes multitudes de hombres que se vuelcan a las calles para platicar pacíficamente fuera de los bares (las lesbianas tienden a congregarse en barrios ligeramente distintos); pero, si se quedan por ahí un buen rato, tengan por seguro que se darán cuenta de ello: la presencia de un número significativo de los que en el Reino Unido llamamos rent boys, “chicos de alquiler” en Estados Unidos “hustlers” y que en México se conocen como chichifos. En cualquier caso, trabajadores sexuales. Uno de ellos una vez me hizo ver algo que yo no habría notado por mí mismo: si uno de sus colegas tiene joyas, por sencillas que éstas sean, es muy probable que no estén consumiendo drogas. Dado que son gente pobre, las drogas que pueden permitirse son del tipo más nocivo y adictivo —crack y metanfetaminas—, y la ruta que lleva de la primera dosis a la pérdida total de la autoestima y, con ella, la de la ropa decente y los accesorios, es vertiginosamente rápida. Por lo tanto, si el muchacho había comenzado a consumir drogas, ya habría vendido sus joyas para la siguiente dosis.
Algunos de estos muchachos ejercen su profesión en sitios regulares (y se expresan con respeto de sus clientes habituales), porque es una forma de hacer dinero rápido. Para otros, especialmente los de los barrios periféricos más pobres de la ciudad, donde son muy fuertes las presiones para hacerse machos mientras crecen, esta es la manera de adaptarse tanto a “salir del armario”, como a poder costear una noche en el centro de la ciudad; ya que, según su modo de hablar, si lo hacen por dinero, entonces no son realmente homosexuales. Después de que se espabilan un poco, se acostumbran a ser gays y, una vez que eso ocurre, la cuestión del dinero es una parte menos decisiva en sus vidas. Algunos lo harán como una forma de derrochar tras una semana de trabajo en la construcción o en la peluquería; otros están involucrados con hombres mayores, acostumbrados a pagar los platos rotos por ellos y comprometidos en una relación. Otros, habiendo ganado demasiado dinero, demasiado pronto, a cambio de unos cuantos trucos, y habiéndolo gastado igual de rápido, quedan inmersos en un ciclo de autoaborrecimiento e inutilidad para emplearse, incapaces de tolerar el mero aburrimiento, el trabajo duro y el bajo salario rutinario propio del único tipo de trabajos para los cuales están calificados.
En la esquina hay un café internet, donde todos los habitantes de la calle pueden conectarse en línea, chatear, concertar citas y actualizar sus páginas web con nuevas y cada vez más arriesgadas fotografías. El popurrí constante de tonos para teléfono celular indica que la cita ha quedado fijada, los tratos cerrados y así sucesivamente. El anonimato total que ofrece el mundo de internet y del teléfono celular parece haber quitado una buena porción de deshonra a la prostitución masculina.
Después de todo, no existe forma alguna en que un observador casual pueda saber si lo que está sucediendo tiene una connotación solamente amistosa o tiene implicaciones profesionales. Y este mundo se aproxima codo con codo, se superpone e incluso penetra en ese mundo de los adolescentes de domingo que describí anteriormente; bastante a menudo, imperceptiblemente. Los mismos factores sociales que hacen a un mundo posible, han dado también su rostro actual y su forma a la otra realidad. Bienvenido a mi mundo. Me encanta, me encanta vivir en medio de esto. Me siento tan aliviado de compartir la sensación de libertad que viene con la ruptura de la imposibilidad. He llegado a deleitarme en el sonido imperdible de la risotada de una imperial drag queen brasileña a las tres de la mañana, más estridente y aún más tierna que el más arrogante chillido de la cacatúa de la selva. Y sin embargo, en medio de mi privilegio de vivir en semejante barrio, tengo un enorme reto en cuanto a mi responsabilidad.
Verán ustedes, en la ciudad en la que vivo, una ciudad de aproximadamente dieciocho millones de personas, en donde el desfile anual del orgullo gay cuenta con un mínimo de tres millones de personas —y esa es la cifra dada por la policía—, no hay una pastoral católica para la comunidad LGBTQ. En una ciudad nombrada en honor al apóstol Pablo, la cual es también la ciudad más grande en el país, con la mayor población católica en el mundo, nuestra Iglesia está totalmente ausente de cualquier implicación realista en la vida del segmento de la sociedad que en Brasil lleva por nombre “GLS”, Gays, Lesbianas y Simpatizantes (aquellos con afinidades similares).
Y de nuevo estamos frente a un tipo diferente de imposibilidad, ya que, por supuesto, nuestra Iglesia en Brasil depende de la misma enseñanza que en todas partes. La enseñanza actual de las congregaciones romanas, que tiene como premisa que todos los seres humanos son intrínsecamente heterosexuales y que las personas homosexuales están objetivamente desordenadas. El recientemente nombrado primado de Bélgica, monseñor Léonard, calificó la enseñanza de la Iglesia con bastante precisión cuando indicó, para consternación de la prensa local, que en su opinión ser homosexual es igual que sufrir de anorexia, en otras palabras: una patología del deseo. Dicha enseñanza no puede reconocer que ser gay es una variante minoritaria no patológica que ocurre regularmente en la condición humana; porque, si lo reconociera, algunas consecuencias fluirían de ello: la pertinencia de ciertas formas de relación, incluyendo un elemento sexual, a pesar de que éstas no tuvieran ninguna función procreadora posible. Y, en consecuencia, la pertinencia de ciertas formas de reconocimiento civil y litúrgico de tales relaciones.
En su lenguaje propio, el documento romano al cual he aludido asegura que la afirmación de que ser gay es un desorden objetivo, DEBE conservarse con el fin de mantener viva la afirmación de que todos los posibles actos sexuales que se derivan de ser gay son intrínsecamente malos y, por lo tanto, prohibidos. Si se deja a un lado el desorden objetivo, se deja a un lado la prohibición absoluta. Lógicamente están vinculados entre sí.
Ahora, por supuesto, existen cada vez menos personas que realmente crean todavía en la afirmación de que ser gay es un desorden objetivo en una condición humana intrínsecamente heterosexual, ya sea en Brasil como en cualquier otro lugar, y hasta entre el clero; no obstante, la enseñanza tiene un efecto escalofriante sobre cualquiera que desee participar en una posible labor pastoral en esta área. Pues son muy pocos los obispos, por personalmente benévolos que sean, quienes se atreven a hacer frente a la ira que es engendrada, usualmente por el clero gay que se odia a sí mismo, pero también por otros que han sido “militarizados” dentro de grupos religiosos rigoristas, ante cualquier iniciativa pastoral que trate a personas homosexuales como seres humanos, para quienes ser gay representa el hecho de convertirse en algo mucho más rico, en vez de ser una herida terrible contra la que deben luchar.
Y así tenemos la extraña situación donde existe una creciente vida social y cultural gay, con todo lo que pueda tener de bueno, todo lo que necesita fomentarse, desarrollarse, guiarse, apoyarse, apuntarse en la dirección correcta; pero al lado de ello y tan estrechamente entremezclado con eso, está lo turbio y furtivo de cierto submundo, con las necesidades que tienen sus habitantes de dignidad, estabilidad, una oportunidad de educación o una profesión, consejos de vida en familia y en comunidad. En breve, todos los ingredientes que piden a gritos un magnífico servicio pastoral católico de consolidación comunitaria. Y no obstante, todo esto está sumido en una aparente imposibilidad religiosa, la cual siento muy profundamente y en verdad no sé cómo resolver.
Cuando en mi título me referí a la “imposibilidad” y la “responsabilidad”, y cuando hablo de desarrollar nuevas maneras de narrar la vivencia católica gay, estaba pensando en planificar rutas, patrones de crecimiento entre los dos polos, maneras de describir de dónde creemos que venimos y a dónde creemos que vamos; qué tiene sentido y qué tiene calidad de ser verdad acerca de ellos. Y creo que hay dos tipos de ruta que estoy buscando recorrer, aunque ansío el momento en el que esas dos rutas se conviertan en una. Las dos rutas son la personal y la eclesial. Permítanme explicar.
La ruta personal es aquella que ya está bien avanzada en la vida de muchos de nosotros. Creo que muchos hemos sido capaces al menos de comenzar a recorrer esta ruta, aunque fatigosamente y a fuerza de tropezones dependiendo de nuestra experiencia. Esta es la ruta de la persona que parte de haber sido profundamente escandalizado de su propio ser, de quien se quedó atorado en todas las disyuntivas de “ama, pero no ames”, “sé, pero no seas”. El tipo de persona que, cuando estaba creciendo nunca podía imaginar honestamente que lo que más anhelaba, quizás mucho antes del impacto de la pubertad: un esposo o esposa del mismo sexo, podría llegar a hacerse una realidad en su vida. La ruta que va de esto a ser una persona que pacíficamente posee un sentido estable de sí mismo, capaz de contemplar el cortejo, la relación, la asociación, el empleo, la familia y la participación directa en la política social más amplia con algo que ofrecer, parece un milagro. Y para muchos de nosotros, lo ha sido.
También creo que, aunado a esta ruta, algo muy importante ha estado sucediendo en la esfera cristiana más amplia, algo que no necesariamente está bien representado por los diversos liderazgos religiosos de los grupos cristianos, aunque está, con todo, cada vez más presente. Yo lo llamo, en honor a Homero Simpson, el factor “¡Doh!”. Con esto quiero hacer alusión a la creciente certeza de la compatibilidad del cristianismo con la emergente comprensión de ser gay. Después de todo, mientras más y más gente cae en la cuenta de que ser gay es algo que sólo es, ni más ni menos, se hace cada vez más difícil presentar a Jesús como alguien que desaprueba a los homosexuales y es en cierto modo particularmente duro con ellos. Especialmente dado que Jesús era particularmente propenso a preferir y a asociarse con aquellos que eran más fuertemente desaprobados por los religiosos rigoristas en su sociedad. No por primera vez, el recuerdo de quien fue y es Jesús constituye un obstáculo formidable para los rigoristas de cualquier cultura.
Sin embargo, creo que está ocurriendo algo más rico y más profundo que eso, y quiero concretarlo aquí, ya que me parece que nuestro discurso no es acerca de cómo, de alguna manera, buscamos ser, y nos aferramos a ser, una excepción tolerada para un discurso cristiano global que realmente no nos incluya. Más bien lo que ha estado ocurriendo, en medio de la esfera secular normal y para consternación de nuestros dirigentes religiosos, ha sido el discurso cristiano que nos involucra, por así decirlo.
No se trata de que un grupo de rebeldes malintencionados esté intentando cambiar las enseñanzas de la Iglesia, o de un grupo de infieles que intenta alterar el Evangelio. En su lugar, sospecho que estamos realmente encontrándonos en el interior del poder del Evangelio que actúa en nuestra sociedad y sigue exactamente el patrón que Jesús predijo.
El poder del Evangelio es éste: Dios ocupó el lugar del proscrito, del rechazado, del condenado, a fin de mostrar cómo la bondad de Dios, el poder creador de Dios, la capacidad de Dios para armonizar realidades distintas en un orden pacífico tiene poco o nada que ver con el “sabio”, el “poderoso” y el “justo” de nuestro mundo. Por el contrario, se manifiesta principalmente entre las personas de mala reputación, los que tienen poco que perder, los que en las palabras maravillosas de san Pablo “no son” (1Cor 1, 28).
Y la manera en que esto funciona en cualquiera de nuestras sociedades como una forma de aprendizaje es la siguiente: normalmente, cuando alguien se encuentra ocupando el lugar de la vergüenza y la muerte que el grupo crea para afirmar su falso sentido de bondad, simplemente se tiene por malvado, que contamina, merecedor de castigo. Sin embargo, desde que Dios mismo ocupó ese lugar en la persona de Jesús y mostró que podía ser ocupado y habitado, dolorosamente pero con una actitud de perdón, Dios puso fin a nuestra manera de construir la bondad en contra de, y por contraste con personas como él. Y eso significa que, Dios lanza una sospecha en medio de nosotros, la sospecha de que nuestra bondad puede ser falsa y que nuestros “malvados” pueden ser después de todo inocentes, o al menos no más culpables que todos los demás.
Suena extraño para algunos, pero el resultado directo de ser capaces de aceptar que Dios se reveló a nosotros como la víctima vergonzosa de la confabulación de fuerzas políticas y religiosas de la ley y el orden, que apenas controlaban una creciente violencia de la multitud —el resultado directo, entonces, de la fe en el hijo de Dios— es la pérdida de fe en la inocencia de los implicados en el linchamiento y la bondad de la cultura que estuvieron reforzando. Las cosas que parecían ser sagradas se muestran como habiendo sido ídolos todo el tiempo; ídolos que exigen sacrificios.
Pues bien, esto significa y ha significado que, con el tiempo, personas bajo la influencia de la gracia se vuelvan sospechosas de sus propios motivos cuando se encuentran formando parte de una justa unanimidad en contra de algún malhechor. En algún lugar del fondo de nuestra mente hay una noción extraña de que Dios no puede realmente respaldar semejantes cosas, porque esto fue lo que le aconteció al propio Dios. Ahora, lo curioso y glorioso de esto es que este momento de sospecha, de autocrítica, de duda acerca de la aparentemente convincente opinión de la mayoría con respecto a cómo se dan las cosas y cómo los problemas pueden ser resueltos por un linchamiento, este momento es la condición de posibilidad del conocimiento real.
No es que las personas adquieran primero conocimientos científicos acerca de las cosas y luego, desde una posición racional, descarten sus anteriores creencias supersticiosas. Por lo tanto, no es que la gente comprendió que el clima funcionaba de ciertas maneras y patrones predecibles, y entonces comenzó a burlarse de aquellos que pensaban que tal o cual granizada fue causada por una bruja que echó el mal de ojo sobre un agricultor y su tierra en particular. Justo lo contrario, fue porque las personas se vieron incapaces de creer en la eficacia y, por lo tanto, en la culpabilidad de las brujas, que se hizo posible formular las preguntas que condujeron a otras explicaciones de causalidad. En otras palabras, una respuesta que conlleve una víctima ante cualquier pregunta siempre cerrará la posibilidad de aprender, ratificando a un grupo en su oscuridad. La pérdida de fe en la respuesta que conlleva una víctima, es lo que abre la posibilidad de veracidad, de aprendizaje, y de avanzar hacia un mundo más grande, más amplio, un mundo creado por Dios, en lugar de uno poblado por demonios raros y fuerzas sagradas impredecibles con las cuales se debe negociar y a quienes hay que satisfacer.
Pues bien, espero que puedan notar que durante los últimos cincuenta años más o menos, algo muy parecido a esto ha estado sucediendo con nosotros, la comunidad LGBTQ. Mientras que el miedo a la violencia, a la pérdida y a la devastación mantenían viva la expresión informal: “No importa lo que haces con tal que no lo digas”, que es común en la mayoría de las sociedades, por supuesto no había gente gay, como es famoso que “no hay” en Irán, o en Uganda hoy en día. Sin embargo, dado que, durante los últimos cincuenta años aproximadamente, la gente gay ha estado dispuesta a correr el riesgo de ser identificada y se ha preparado para enfrentar la escoriación, se sobrepone a la vergüenza, y como estas cosas han sucedido, más y más personas se han hecho a un lado de la amenaza del linchamiento multitudinario y han comenzado a plantearse cuestiones científicas, más que sagradas.
Y como las explicaciones moralistas (desviación, patología, vicio) y las soluciones sagradas (encarcelación, tratamiento con electroshock, terapia de conversión) se han desgastado, ha sido posible que la gente se plantée el tipo de preguntas que realmente pueden colocarnos en buena posición para aprender sobre el ser humano. Preguntas tales como “¿cuáles son las bases neurológicas, endocrinas y hormonales para esta configuración?”; “¿qué tienen que ver los genes con esto, si acaso algo tienen que ver?”; “¿acaso hay alguna marcada diferencia en la incidencia de gente como ésta de una cultura a otra?”; “¿hay algún tipo particular de patologías, fisiológicas o psicológicas, que sean propias o intrínsecas a la gente de esta configuración, que no estén asociadas con las circunstancias en las que se han visto obligados a vivir?”
Pues bien, como ustedes saben, el movimiento que ha pasado del pensamiento victimario al pensamiento científico en este ámbito es relativamente reciente, y aún así parece estar produciendo sólidos resultados. Tal como Jesús lo prometió, al deshacer el mecanismo victimario, el Espíritu Santo está mostrando toda la verdad y nos está haciendo libres. Ahora tenemos un sentido más firme de que ser gay o lesbiana es una variante minoritaria no patológica que se da regularmente en la condición humana, y estamos empezando a tener la sensación de que hay formas adecuadas de prosperar en esa condición; por ejemplo, que nos sea admitido vivir honestamente y sobrellevar abiertamente la humanización del deseo en las relaciones con otras personas semejantes. También cada vez más instintivamente reaccionamos contra aquellos que se aferran a las esquirlas del viejo pensamiento moralista, quienes insisten en que hay algo patológico que no existe, porque somos conscientes de que el etiquetado patológico es parte de un patrón victimario falso.
En definitiva, consideramos que la enseñanza tradicional de la Iglesia, ya sea con su disfraz católico o protestante, no es convincente en este campo, no porque seamos particularmente rebeldes o infieles, sino porque la forma cristiana de verdad se está imponiendo, y bajo su luz, tanto las caracterizaciones oficiales de quienes son las personas gays y lesbianas, como los patrones oficiales de conducta hacia ellos, no se muestran ni como cristianos ni como veraces.
Bueno, esto es parte de la historia. Es la historia de cómo muchos de nosotros, personalmente, nos encontramos llevados adelante por una marea que no creamos nosotros, remontando olas que alguien más agitó gloriosamente para nosotros. En términos de la escena con la que comencé a propósito de mi barrio, es lo que creo que subyace en el gran cambio social que ha convertido algo de cierto modo imposible en algo de cierto modo normal. Y por supuesto, muchos, si no es que la mayoría de nosotros, nos montamos a la ola de esta bendición extraordinaria en forma desdeñosa, inconscientes de lo que ha posibilitado en cuanto a que otros han ocupado y soportado el lugar de la vergüenza, desintoxicándolo con su paciencia, su moderación y su perseverancia.
Pero ser católico no sólo significa regocijarse en lo que alguien ha hecho por nosotros (aunque eso es lo que significa principalmente ese júbilo agradecido). Significa hacerse amigo, configurarse al corazón de aquel que hizo eso por nosotros, haciendo por otros lo que Él hizo por nosotros (Jn 15, 12-14). Esto también e inevitablemente significa —ya que no hay fe católica sin esto— un extendido amor por los pobres y los necesitados. Y esto me lleva de regreso a la otra mitad de la escena de mi barrio. El entusiasmo y la emoción de nuevas posibilidades que se abren también crea un mundo peligroso de vidas sin ataduras. Un mundo de vidas donde es evidente que nuestro Señor se deleita en hacerse presente, y que sin embargo representa un mundo de imposibilidad para nuestras autoridades eclesiales. ¿Entonces cómo se puede ayudar a fomentar aquello que la propia arquitectura del templo proclama que no debería existir realmente?
Y esto para mí es el reto, para el cual todavía no tengo una respuesta clara. Dada la imposibilidad de una sana participación en esta realidad, desde el punto de vista de la estructura eclesiástica formal, ¿cuál será la medida de mi responsabilidad para ayudar al surgimiento del signo eclesial de la presencia de Cristo? Un signo eclesial que espero que algún día el caparazón eclesiástico sea capaz de reconocer realmente como parte de lo que es.
Permítanme complementar esto un poco, ya que es un asunto personal para mí, como espero que lo sea para ustedes que están comenzando su vida como católicos LGBTQ, y gracias a los jesuitas, en el sentido de la importancia del servicio amoroso para los más vulnerables y necesitados.
Lo que atañe a mi persona es que, mientras más tiempo paso viviendo en la realidad que les he descrito, más disfruto y me gusta más la gente con la que vivo; me siento más conmovido y consternado por lo que ellos pasan; me siento avergonzado por la facilidad con la que malinterpreto sus necesidades y por lo poco que puedo hacer por cualquiera; me siento más auténticamente cuestionado por la forma en que soy responsable como católico ante la imposibilidad, en una zona eclesiástica muerta. En resumen, Dios parece haberme obsequiado un corazón, una cosa terrible, ya que los corazones sólo crecen cuando se rompen. Y Dios sólo da esos corazones como comienzo de cosas más grandes que Dios quiere hacer. Y, sin embargo, ¿cuál es la forma práctica del signo que se me ha pedido hacer surgir, que se nos ha pedido hacer surgir? Por supuesto, hay elementos específicos de ello para mi ciudad y mi barrio. Sin embargo, no puedo evitar pensar que en la mayoría de las principales ciudades, si no es que en todas (por ejemplo, en Washington, en México, Guadalajara o Monterrey), también están presentes una confluencia similar de realidades: gente gay cada vez más feliz, saludable, productiva, que se acepta a sí misma, y junto con ellos todos los desechos de la vida urbana moderna.
¿Cómo puede un católico, que es por el bautismo un sacerdote, independientemente de si ha sido formalmente ordenado para el presbiterio o no, e independientemente de su género, cumplir con el mandato del Señor: “Apacienta a mis ovejas”? o ¿cómo puede honrar el recuerdo y anhelo sacerdotal de “conducir a la multitud jubilosa a los atrios del Señor”? Siendo que nada hay imposible para Dios, y de hecho uno de los signos seguros de la presencia de Dios es la anulación de la imposibilidad, el hacer gradualmente habitable, respirable y recto lo que parecía estrangulado, amarrado y predestinado, ¿cómo es que Dios va a abstraernos de la imposibilidad eclesiástica y a impulsarnos a la creación del signo eclesial?
Me refiero, por supuesto, a cosas como avanzar más allá de recibir la cobertura social de aceptabilidad, una vez nuestros derechos civiles y acuerdos maritales plenamente respetados, para poder hornear un rico pastel católico que soporte esa cobertura. Y entre los elementos de este rico pastel, descubrir nuestro talento para desarrollar formas de preparación al matrimonio y toda una cultura saludable para comprender y sustentar diferentes patrones de relaciones del mismo sexo, junto con las nuevas formulaciones litúrgicas adecuadas, que nos permitan bendecir a Dios por habernos bendecido con el don que es el testimonio de amor que nos muestran las parejas gays en nuestro medio. Pero incluso más que eso, me refiero a grupos de nosotros, con algún tipo de vida común y de oración común, que son capaces de crear patrones sustentados de generosidad para aquellos que pueden ser ayudados a entrar en la educación, en cursos de formación profesional, para aquellos que pueden ser ayudados a salir de las drogas, para aquellos cuyos talentos pueden ser liberados debajo del cúmulo de escoria de autoaborrecimiento que los cubre. ¿Cómo vamos a crear juntos “parroquia” en nuestros lugares diferentes y no importándonos demasiado el colapso visible de una cierta estructura eclesiástica alrededor de nosotros? ¿Vamos a crear comunidades donde nosotros podamos atrevernos a imaginar lo que podría ser bueno y divertido para nuestras hermanas y hermanos, aunque nuestra imaginación se haya visto tan a menudo paralizada por la imposibilidad?, ¿vamos realmente a comenzar a crear el tipo de valores familiares que dan una verdadera gloria a Dios?
Estamos recibiendo la bendición. Ahora, ¿cómo permitimos a aquel que nos ha bendecido a impulsarnos a la creación del signo eclesial? Cuando dos o tres están reunidos, pidiendo esto en su nombre, Él seguramente lo hará.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Un psiquiatra en el armario
Carlos Osma
Homoprotestantes No hay mayor enemigo para la aceptación de las personas homosexuales que la homofobia interiorizada. Ese es uno de los poderes con los que convivimos cada día y contra el que tenemos que aprender a lidiar. No me estoy refiriendo a la nuestra, que jamás deberíamos dar por desaparecida, sino a aquella que atrapa a muchas personas que están dispuestas a hacernos daño si con ello calman por un tiempo el dolor que sufren por no vivir de acuerdo a lo que son.
En mi época de estudiante universitario vivía un gran conflicto interno entre mi fe y mi orientación sexual. Era algo que llevaba oculto y no tenía los elementos necesarios para poder enfrentarlo. Es por eso que decidí visitar a un conocido psiquiatra evangélico que había tratado a otras personas en mi situación. Pensaba por entonces que la única persona que podría ayudarme tenía que ser psiquiatra y evangélica, algo que el tiempo me ayudaría a ver como una gran estupidez.
No fue fácil conseguir el dinero de las sesiones y los billetes de tren, tenía que desplazarme trescientos Kilómetros para acudir a la consulta. No podía pedírselo a mis padres sin darles una explicación creíble, así que lo ahorré con mis trabajos de fin de semana con los que pagaba la carrera. Para mí, en aquel momento, aquello era una fortuna, pero pensaba que valía la pena si me ayudaba por fin a terminar mi batalla personal.
Fueron tres sesiones, y las recordaré siempre por ser el lugar donde más he luchado contra la homofobia interiorizada de alguien, sin ninguna otra arma que el sentido común. Aquel señor hablaba de Dios y de la Biblia, pero lo que a mí me ocurría no le importaba nada. Lo primero que me dijo fue una mentira, que yo no era gay. A lo que le respondí que si algo no se podía poner en duda era que yo era gay. Supongo que no se dio cuenta de que era la primera vez en mi vida que decía en voz alta que era gay. Dentro de mi todo cayó, pronunciar esas palabras hicieron que mi mundo se hundiera y me quedara sin nada, a al intemperie, y a la espera del ataque de ese buitre.
Me habló después de la necesidad de regar mi heterosexualidad y de no hacerlo con mi homosexualidad. Es decir, intentó por todos los medios culpabilizarme, hacerme responsable de lo que me pasaba. Supongo que a él su heterosexualidad de escaparate le había costado mucho tiempo de riego, y que su sentido de culpabilidad tenía que mitigarlo con aquellas sesiones absurdas. Después me dijo que tenía que salir con chicas, que debía echarme una novia formal, de esa manera vencería definitivamente mis tendencias pecaminosas. Por mucho que le dije que había dejado a mi novia porque pensaba que le estaba engañando y que ella no se merecía eso, él me animó a seguir intentándolo. Es decir, me empujó a vivir en la mentira, y a meter en esa vida a una persona que no se lo merecía. Tiempo después me enteré de que era eso lo que él había hecho; seria para no sentirse un monstruo que me invitó a mí a hacer lo mismo.
En la última sesión le dije que sus propuestas no me parecían una solución a lo que me ocurría, que había decidido salir del armario y contárselo a mi familia y mis amigos. A este señor sólo le importaba el sexo, cuando en aquel momento yo estaba más preocupado por el rechazo o el dolor que podía sufrir de mi entorno. Por eso me recomendó no decir nada, y que si lo hacía, no mantuviese relaciones sexuales con otros hombres. Finalmente me dio la dirección de Exudus Internacional y me dijo que ellos podían ayudarme. Yo estaba a punto de enfrentarme a uno de los momentos más difíciles de mi vida, ponerme delante de las personas a las que quería y decirles algo que pensaba no podían entender. Pero a este señor eso no le importó nada, su terapia había sido un fracaso, y lo que yo sintiera no era asunto suyo.
Sé que ese hombre era gay, lo tengo muy claro, analizando las tres horas que estuvimos juntos, su comportamiento, actitudes, su mirada esquiva y sus mentiras, no me cabe ninguna duda. Hombres y mujeres como estos me los he vuelto a encontrar más veces a lo largo de mi vida, pero yo ya tenía las herramientas necesarias para defenderme. A este señor no lo olvidaré nunca, porque intentó aprovecharse del dolor, el miedo y el sufrimiento que yo tenía para empujarme a una vida de engaño como la suya. Gracias a Dios ahora todo eso queda muy lejos para mí, aunque sé que no para mucha gente.
Hay quienes han decidido vivir en una vida que no es la suya, y no hay mayor fracaso para alguien que ese. Por eso lanzan todo su rechazo hacia quienes han decidido tomar el camino de la sinceridad y la realidad. Hay veces que su comportamiento me molesta y me enfada, sobre todo cuando intentan arrastrar con ellos a otros, pero en la mayoría de ocasiones me dan pena, yo he estado en su situación y sé lo que se sufre. Sé como es vivir con miedo a que te descubran, el temor al rechazo, la angustia de perder lo que tienes… y cuando uno ha podido enfrentarse a todo eso y tener una vida real plena, sólo puede compadecerse de quienes no han podido o no se han atrevido a hacerlo.
martes, 21 de agosto de 2012
“Ser gay y ser papá, sobran motivos para festejar”
Una interesante entrevista de Lautaro Bustos Suárez en AG Magazine.info:
“Ser papá y gay en estos tiempos implica en gran medida ser pionero y sentar las bases culturalmente hablando, para las nuevas generaciones de padres” afirma Adrián Barreiro, psicólogo, especializado en familias homoparentales.
Festejar el día del padre para AG Magazine es pensar en las muchas formas en las que los varones gay podemos vivir una paternidad, y sobre todo disfrutar de la idea -y la concreción- de ser papás y gays.
Nadie nace sabiendo ser padre, ni los heteros ni los gays, pero como dice Barreiro, “para las personas heterosexuales la posibilidad de remitirse a los modelos de familia heteronormativos podría pensarse como un hecho dado, casi inconciente”.
Tal vez, para nosotros, conocer historias de vida de otros igual (o diferentes) nos ayude a pensarnos siendo papás. Javier Fuentes vive en Ciudad de Buenos Aires en el barrio de Monserrat en un departamento luminoso y amplio. Hace casi tres años que decidió dejar la ocupación que venía desarrollando como implementador de sistemas y dedicarse plenamente a algo que le fascina y que según él, le cambió la vida: La Fotografía. “Hoy formamos el estudio de fotografías Fuentes2Fernández junto a Nico, mi pareja y socio en este sueño”.
Javier y Juli, padre e hijo: dos tipos audaces.
¿Cómo solés festejás el día del padre?
Javier Fuentes: Te puedo contar algunos de los festejos pasados… Asomar la nariz de entre las sábanas y encontrar un café con leche humeante, olor a tostadas en la habitación, un chiquito que miraba con ojos gigantes detrás de la bandeja, un “feliz día”, un abrazo… Han ido pasando los años, cambiando un poco los paisajes, y creciendo el tamaño de los brazos que ahora me abrazan, pero la ceremonia se repite más o menos de la misma manera. Después el abrazo se vuelve a repetir con mi viejo, cuñados, amigos y otros padres…
¿Como se compone tu familia?
JF: Son varios círculos los que componen mi familia hoy: Julián, mi hijo, y Nico, mi pareja, como vínculos cotidianos y directos (sin olvidar a Jude y Olivia, dos personajes gatunos que conviven y administran la casa). Inés, la mamá de Juli y pilar importante en mi vida, mi hermana con la que ahora convivimos. Mis otros dos hermanos que me llenaron de sobrinos maravillosos, mis padres. Ada y Mariel… familia del corazón y adoptada como propia.
¿Cuál es el mejor regalo que podés recibir en tu día?
JF: Hoy caminábamos por la calle Corrientes volviendo a casa con bastante frío y frente a la chocolatería que esta llegando a Paraná, Juli se frenó frente a la vidriera y decidió que unas barras de chocolate artesanal serían el mejor regalo. Lo disfrutamos mientras seguimos nuestra ruta, recorriendo librerías. Tenía razón.
Javier y Juli de niño.
¿Cómo te sentís siendo papá y gay?
JF: Es un dato anecdótico, un rasgo más de mi personalidad. Ni el único, ni el más importante. No es un facilitador ni un impedimento. Cuando Juli tenía 3 años me separé de la mamá. Un proceso interno que fue bastante complejo me llevó a decidir afrontar mi identidad sexual e intentar vivirla en total plenitud. Fue un punto de partida para poder lograr la aceptación. En ese momento fue complejo la coexistencia de ese proceso personal con el título de Padre. Miedos propios y ajenos que uno debe afrontar para poder pararse en el presente y elegirse a sí mismo, y desde ese lugar poder compartir lo mejor de uno con el resto. Tomar el futuro como desafío y saber que desde lo que queda por crear y construir uno tiene las herramientas y el poder para que las cosas sean de la mejor manera. Ser padre de Juli fue sin lugar a dudas uno de los hechos más hermosos y honrosos que me ocurrieron en la vida. Fueron el motor y el impulso, y lo siguen siendo aún.
¿Cómo fue tu trayecto de vida en el que decidís ser papá y cómo se conjuga con una identidad sexual diferente?
JF: En mi caso personal, ser papá fue parte de un proceso en el que no sé si fui (fuimos) tan conscientes de la decisión. Una mañana nos encontramos frente al espejo del baño donde estaba apoyado el test que me estaba avisando que las cosas iban a ser muy distintas de ahí en más. No hubo planificación, fue parte de un ciclo natural que ocurrió. Cuando decidimos seguir por caminos distintos y yo afrontar mi identidad sexual aparecieron muchos miedos, temores propios ante lo desconocido, ante muchos años de represión interna. Tuve el honor de contar con alguien que supo entender y acompañar desde su lugar de madre y dar el espacio necesario para que el vínculo fuera sano y hermoso. En ese momento sentí que perdía algunas cosas que me dolieron mucho. La vida cotidiana, el despertar de todos los días, pero fue algo que aprendimos a generar desde un lugar diferente. Desde el amor, siempre. Pero como te decía al principio, si te das cuenta con este relato, creo que estas mismas palabras podrían ser las de cualquier padre o madre que tiene que alejarse de su hijo por una separación o divorcio. No siento que la identidad sexual tenga que ser un factor diferencial en el trato con los hijos. Hace algo más de dos años Juli me lo confirmó cuando yo inicié una conversación con él. Una charla que sentía que tenía que tener para que nuestro lazo sea todo lo franco y directo que creo tiene que ser.. En el medio de mi discurso el me interrumpió y me dijo: “Papi, ya lo sé… siempre lo supe y eso nunca cambió nada para mi. Sos mi papá y te quiero así como sos”. Ahí entendí tantas cosas, pero sobre todo me di cuenta que de nada sirven las planificaciones y las preocupaciones, que hay que disfrutar y vivir el presente, ser auténtico y aceptar la vida y trabajar desde la satisfacción y la alegría.
¿Cómo ves el panorama actual respecto a las paternidades de hombres gays? Qué cosas considerás que tendrían que modificarse.
JF: La sociedad está en un proceso de cambios maravilloso. Con todas las idas y venidas de nuestro presente, estamos ante una oportunidad única: los cambios más grandes promovidos por el colectivo LGBTI a nivel nacional ya son un hecho. Creo que el desafío más grande es de aquí en más afianzar este proceso de reconocimiento de derechos, dar visibilidad a la diversidad de familias que hoy componen nuestra sociedad y correr el tema de la sexualidad de los padres e hijos como algo determinante. En definitiva el amor es el mismo, el vínculo, los lazos, los afectos son los mismos. Terminar de hacer ver a toda la comunidad lo que tan bien supo decir Osvaldo Bazán en su libro: que la homosexualidad al final, no es nada. Se puede ser tan buen o mal padre o madre siendo hetero, bi, lesbiana, gay o trans. Se puede ser tan buen o mal ser humano siendo hetero, bi, lesbiana, gay o trans. Creo que el día que podamos dejar de marcar la diferencia, eliminemos los rótulos y todos tengamos los mismos derechos, será el día en que estemos realmente frente a la igualdad plena.
Palabras clave: dia del padre, diversidad, Familia, gay, padre gay, Papa
Palabras clave: dia del padre, diversidad, Familia, gay, padre gay, Papa
Acerca de Lautaro Bustos Suárez
Comunicador Social, Coach, Periodista en AG Magazine Info y Jefe de Redacción y Contenidos en revista Actitud Diversa.
jueves, 16 de agosto de 2012
Ataques homófobos contra una iglesia luterana inclusiva estadounidense.
Un grupo anónimo destruyó el pasado fin de semana una ventana de la Iglesia Luterana Gustavus Adolphus de Saint Paul, en Minnesota, una iglesia GLTB. El grupo rompió la ventana con una pelota de golf en la que escribieron mensajes homófobos dirigidos al pastor abiertamente homosexual Rev. Bradley Schmeling (en la fotografía y de izda a derecha: Rev. Bradley Schmeling, Rev. Anita C. Hill, The Rev. Paul Erickson), el cual lleva a cabo su labor en la iglesia norteamericana que ha sufrido el ataque. Los mensajes también iban en contra de las relaciones homosexuales.
“Es una noticia inquietante y muy decepcionante, sorprendente que haya ocurrido”, han manifestado desde la Iglesia Luterana en relación con el altercado sucedido en la organización religiosa.
La organización Reconciling Works, quien trabaja en Estados Unidos para conseguir la participación de las minorías sexuales en el ámbito religioso, se ha sumado a las condenas que ha recibido el altercado.
El reverendo Bradley Schmeling, que en su momento fue relevado de sus funciones por mantener una relación homosexual con un compañero, fue reintegrado al frente de su parroquia. En 2007, Schmeling se vio obligado a abandonar su puesto como pastor de la congregación luterana de Saint John, en Atlanta (Georgia), por mantener una relación con otro reverendo, Darin Easler. La congregación votó entonces que Schmeling permaneciera en su seno, aunque no estuviera al frente de la misma. Su vuelta no fue sino la primera consecuencia práctica de la modificación de los estatutos de la Iglesia Luterana Evangélica de América (ELCA) por la que las personas que mantengan una relación estable con alguien de su mismo sexo sí pueden ejercer como pastores ordenados. También se readmitirá a aquellos expulsados anteriormente por revelar su homosexualidad o por oficiar uniones entre parejas homosexuales. Schmeling, de esta forma, volvió al frente de su parroquia. También Easler, que llevaba varios años fuera de la lista de candidatos a dirigir una congregación, podía optar a hacerlo.
La Iglesia Luterana Evangélica de América es la mayor denominación (o confesión) luterana de Estados Unidos, con más de 4.600.000 miembros bautizados. Y cuenta con página en español.
miércoles, 15 de agosto de 2012
Más de la mitad de los franceses, a favor del matrimonio gay
El 53% del país apoya que los homosexuales puedan adoptar
Seis de cada diez franceses son partidarios de que las parejas homosexuales tengan el derecho a casarse en Francia, revela un sondeo difundido hoy por el instituto demoscópico Ifop, según el cual el apoyo a que puedan adoptar ha bajado al 53%.
En un momento en el que bajo la presidencia de François Hollande el Gobierno socialista se plantea "avanzar" legalmente en los derechos de este colectivo, la encuesta muestra que aunque la mayoría de la población los respalda, la progresión experimentada en el último año sobre ambas prerrogativas no ha corrido pareja.
Así, mientras la postura a favor del matrimonio gay ha aumentado dos puntos respecto al año pasado, hasta el 65%, la opinión sobre la adopción ha caído cinco puntos porcentuales.
En consonancia con la movilización emprendida en Francia estos días por la Iglesia Católica, abiertamente contraria, los católicos continúan siendo el colectivo más reacio: solo el 45% se muestra favorable al matrimonio entre personas del mismo sexo y un 36% a favor de que estas adopten.
El sondeo, realizado la semana pasada entre 2.000 personas, revela asimismo que el sentir sobre ambos derechos cambia en función de la edad, y mientras el 79% de los menores de 35 años apoyan las bodas gays, solo el 44% de los mayores de 65 comparten esa postura.
El sondeo añade que tanto el matrimonio homosexual como la posibilidad de adoptar despiertan más simpatías entre las mujeres, que apoyan esos derechos en un 67% y 59%, respectivamente, mientras que entre los hombres, esos porcentajes bajan al 61% y al 47%, respectivamente.
Pese a ello, las mayores diferencias continúan siendo políticas: frente al 81% de los simpatizantes de izquierda a favor del matrimonio homosexual, solo apoyan ese tipo de enlaces el 45% de quienes dicen ser de derechas.
La encuesta deja igualmente un dato curioso: el 57% de quienes votaron en la primera ronda de las pasadas presidenciales al ultraderechista Frente Nacional aseguran respaldar el matrimonio gay, trece puntos más que quienes dieron su voto al conservador UMP, el partido del expresidente Nicolas Sarkozy. (RD/EFE
sábado, 11 de agosto de 2012
Un padre homófobo se despide de su hijo…
Se escribió hace cinco años, pero es ahora cuando, la carta ha visto la luz y está causando un gran impacto. James, el hijo, la ha publicado ahora aprovechando el debate existente en Estados Unidos en relación al matrimonio igualitario. Con esta carta, en la que su padre se despide de él por ser gay, pretende dar otro punto de vista a la polémica.
Este es el texto en español de la carta, que podéis leer en su idioma original en la imagen:
“James: esta es una carta difícil pero necesaria.
Espero que tu llamada no haya sido para recibir mi bendición por tu estilo de vida depravado. Tengo buenos recuerdos del tiempo que pasamos juntos, pero todo eso quedó en el pasado.
No esperes conversar conmigo. No habrá comunicación en absoluto. No te iré a visitar, ni yo te quiero en mi casa. Tú hiciste tu elección, aunque pueda ser la incorrecta. Dios no tenía la intención de ese estilo de vida antinatural. Si decides no asistir a mi funeral, mi familia y amigos lo van a entender. Pasa un buen cumpleaños y una buena vida. Cualquier intercambio de regalos no será aceptado.
Adiós, papá.”.
Un testimonio tremendo que, por desgracia, sonará a más de un@…
“Católico y homosexual, quiero vivir mi fe y mi diferencia”.
Para vivir por fin a plena luz, Jean-Michel Dunand escogió escribir y contar su itinerario . Hoy, animador en pastoral en un gran liceo católico de Montpellier, ha pasado ” de la vergüenza a la luz “
Sintió muy joven que no era “igual a los otros”. ¿Cuándo y cómo descubrió su homosexualidad?
He sido muy precoz, tan lejano en la medida que puedo recordar, sensible al cuerpo de los hombres. Tenía seis años cuando, yendo con mis padres a la feria, descubrí que la belleza de estos cuerpos masculinos me fascinaban. Verdaderamente no comprendía y pensaba ser único en el mundo experimentando esto. En mi pequeña ciudad natal saboyana de Albertville, no tenía ningún modelo homosexual con el cual identificarme. En las comidas familiares, se evocaba de cuando en cuando a un primo, de más de diez años, desterrado en otra ciudad y que, se decía, tenía ” costumbres aparte “, pero yo no sabía que él y yo compartíamos posiblemente la misma experiencia.
No se escoge, escríba, el ser homosexual, no más que ser heterosexual. ¿ No es pues producto de la libertad?
Me ha hecho falta tiempo para comprender que no había elegido, que no podía cambiar. Mi homosexualidad se me impuso de la misma manera que mi talla o mi físico. Jamás he sido afeminado, justo refinado pero cuando jugaba, era natural para mí disfrazarme de chica. Atraído por la vida religiosa, me imaginaba carmelita tras los pasos de Teresa. Pensaba: “ si te convirtieras en una mujer, todo volvería al orden . “ No afirmo que la homosexualidad es innata sino que se inscribe en la singularidad de una historia. Sin embargo, en los espíritus y las iglesias, todavía se arrastra la idea de que se puede cambiar, que es una cuestión de voluntad… ¿ Pero quién voluntariamente desearía exponerse a la diferencia?
Yo no decía nada pero los otros chicos me adivinaban, no me gustaba el deporte, el fútbol, los juegos violentos. Disimulaba sin interrupción, con el miedo a ser descubierto un día. Más tarde, pensé a menudo que si los homosexuales se reconocen entre ellos, es porque se sabe leer en la mirada del otro este cansancio de tener perpetuamente que esconder quién se es. Y luego, está ese día, en 5º, cuando, llegando tarde, debí adelantar toda la fila y hacer frente a los insultos, “pédé “, “marica”… Viví la experiencia de la vergüenza, la que te empareda viviendo en una tumba.
Y luego, esta otra llamada, la de una vida religiosa…
Sí, a los 8-9 años, fui como alcanzado por Cristo, lloré delante de la Pasión de Jesús leyendo una vida de santo ofrecido por un catequista. Más tarde, a la edad de 14, sólo en la iglesia abacial de Tamié, experimenté una presencia de amor, una paz profunda. Secretamente guardé este encuentro en el fondo de mí y, al mismo tiempo, me construí un personaje, el del pequeño cristiano perfecto, el futuro sacerdote que ayudaba en misa, inspiraba confianza al cura y enarbolaba una gran cruz de madera muy visible. Era más fácil ser el pequeño santo en ciernes que el pequeño homosexual. Prefería que me burlaran por mi fe que por mi homosexualidad. Yo mismo levanté, con la religión, una muralla a mi alrededor para protegerme de la mirada de los otros y sobre todo de mí mismo, de mis propios vagabundeos…
Son las páginas más terribles de su libro. Cuenta cómo, a la edad de 14 años, en Lourdes, aceptó los tocamientos de un desconocido. La sexualidad sin el amor, afirmas…
Ese día allí, el suelo se abrió bajo mis pies. Me sentía sucio pero descubría también que había sido atraído. Entre los 18 y 25 años, viví un verdadero descuartizamiento , una doble vida, era Dr. Jekyll y Mr Hyde. De un lado, el convento de los carmelitas, en los grupos de oración y de evangelización, luego el seminario por algunos años, me presentaba en modelo de la fe, vestido de blanco con una gran capa negra, sandalias a los pies… Del otro, encontraba a hombres de prisa y corriendo. Me negaba a instalarme en una relación cualquiera. Me decía que era menos grave así, que era mi fragilidad y que a base de oraciones, de confesión, de vida sacramental, iba a salir de allí. Las raras veces en que me confié, me hablaron de “resbalón“. Que iba a curárme por la oración de liberación. En este período, sólo Cristo no me soltó.
¿ Que habría querido oír en ese momento?
Con la distancia, de 46 años, creo que me habría gustado ser oído en profundidad. Qué se me reenvíase la realidad para no huir más sino descubrir mi más profunda humanidad, mi afectividad, mi sexualidad en lugar de enterrar todo esto bajo una pseudoespiritualidad. Después de haber escuchado mucho, compruebo que no es raro que las personas homosexuales empiecen sus relaciones en lugares glaucos. Posiblemente porque se prohibe vivir el amor y la ternura a plena luz.
¿Qué es lo que le ayudó?
Se había intentado curarme, hasta exorcizarme, se me iba a internarme para una cura de sueño. Iba de mal en peor, pensaba en el suicidio. Y me dije ” ¡ ya basta! “. Es la amistad entonces la que me ayudó. La de Patrick, un amigo, que me abrió otro camino. Comencé un trabajo de agente de serviciohospitalario que me permitió reanudar con una vida normal, una justa estima de mí mismo, y vivir mi homosexualidad más de verdad. Encontré el amor también y vivo ahora una relación estable desde hace veinte años. Por fin, confiaron en mí. Así soy animador en pastoral, en una escuela católica, pronto desde hace dieciseis años gracias a la confianza que me hizo, con todo conocimiento de causa, un jefe de establecimiento.
¿Que pide hoy a la Iglesia?
No reivindico nada, si no es el derecho a vivir sin ser amputado de una parte de mí mismo. Como católico, quiero poder vivir mi fe y mi camino de apertura en la sexualidad y la ternura compartida con una persona del mismo sexo. No soy un militante que saca el estandarte de la causa gay. Pero no puedo tampoco adherirme a estas certezas según las cuales ” la homosexualidad está contra naturaleza y fuera del plan de Dios “. Esto conduce a un callejón sin salida. Si reivindico algo, es un cambio y una humildad de mirada. Con las personas “ homosensibles “ – prefiero hablar así porque esto no nos reduce a la sexualidad – estmos a menudo frente a trayectos fracturados, vidas accidentadas. Pero también de verdaderas sensibilidades con relación al arte, a la belleza, a la espiritualidad. Mire al número de homosexuales entre los grandes artistas, los creadores de moda… Son en todo caso vidas singulares que no pueden juzgarse sin conocerlas, ni explorando en su intimidad. ¿Frente a la mujer adúltera en el evangelio, que hace Jesús? No la interroga sino que desplaza las miradas, poniéndose en cuclillas para escribir sobre el suelo; desplaza también a los mismos acusadores, porque todos ellos se van cuando los reenvíaa su propio pecado. No encerremos a las personas en nuestras normas y nuestras miradas intransigentes.
Ha creado en el año 2000, en relación con monasterios, la Comunión Béthanie, al servicio de las personas homosensibles y transgéneross.
Sí, es una comunión contemplativa. Nos encontramos dos veces por año para un retiro en un monasterio, a veces en la abadía de Tamié. Pero estamos, cada día, en unión de oración a través de un pequeño oficio compuesto de salmos, Bienaventuranzas y una oración de intercesión, como un trazo de unión entre nosotros. Más allá del círculo de comprometidos, hay amigos también que ruegan cada jueves por nuestras intenciones, padres de niños homosexuales, contemplativos como el Carmelo de Mazille, incluso obispos que se nos unen en esta fraternidad espiritual. Nuestro objetivo es hacer evolucionar las miradas, de poner también gestos simbólicos como, por ejemplo en el momento de los gay prides, proponiendo una oración en las iglesias para llevar espiritualmente el progreso de las personas homosensibles. Creo que la evolución de los cristianos con respecto a los homosexuales se hará por la oración. ¡ El militance da miedo, no los monjes! Invitando a la oración, llamamos pacíficamente a acoger esta mirada del Cristo que descoloca. La Iglesia necesita en este tema una cura de silencio. No le pido reconocer la homosexualidad con el mismo tratamiento que la heterosexualidad sino mirar a las personas y favorecer instancias de encuentro y de escucha.
¿ Qúe mensaje desea transmitir a los cristianos?
Antes de arriesgar una palabra, tómese un tiempo para escuchar a las personas homosexuales. Antes de discutir sobre ideas, conozca las vidas. Es el poder hablar y ser oído lo que personalmente me ha salvado. En el marco de mi oficio, permanezco discreto en mi vida personal pero sé que recibí la confianza de mi obispo, de mi director diocesano, de mi jefe de establecimiento, soy claro con ellos. Es Freud quien decía: ” ¡ cuando alguien habla, es de día! “ Es quizá justamente por que sea de día por lo que escribí y publiqué este libro *
* Libre. De la honte à la lumière (Presses de la Renaissance)
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