viernes, 8 de julio de 2016

Salir del clóset a los 60

Fuente: Clarín
Según Graciela Balestra, presidenta de la Asociación Civil Puerta Abierta a la Diversidad y coordinadora del primer y único Centro de Jubilados LGBT del país, ellos no son los únicos que blanquearon a la edad de jubilarse. “En los últimos años, se duplicaron las consultas de adultos mayores que se acercan a pedir asistencia psicoterapéutica para salir del closet y hablar con sus familias sobre el tema”, sostiene Balestra quien remarca que también llegan buscando un grupo de pares que los contenga y entienda. Y el reconocimiento público muchas veces viene de la mano del casamiento. Así queda evidenciado en los números: en lo que va del 2016, hubo más de una boda gay de mayores de 60 por semana en Capital.
Este último dato surge del Registro Civil de la Ciudad, desde donde precisaron a Clarín que este año ya se registraron 171 matrimonios igualitarios y que 27 de ellos fueron de personas de más de 60, es decir que, hasta el momento, los adultos mayores resultaron protagonistas de casi el 16% de los casamientos en el ámbito porteño, celebrando una boda cada aproximadamente cinco días.
En el caso de Mercedes Sánchez, que es psicóloga social, la salida del closet vino efectivamente acompañada de la unión legal con su actual pareja Claudia Lagos (53), cuando ella tenía 67. “Ni la sociedad ni yo estábamos preparadas antes para la verdad”, afirma Mercedes sobre la razón por la que esperó tanto para “dejar las tinieblas”. De joven, tuvo varias parejas heterosexuales que no funcionaron. “Yo me aburría pero seguía buscando, pensaba que no tenía suerte con los hombres”, resume. Eso fue hasta pasados los 30 cuando entendió lo que le sucedía, pero se lo guardó. Por esa época, conoció a Alicia que fue su pareja por 20 años, hasta que falleció. “Vivíamos juntas pero decíamos que éramos amigas. La gente sospechaba pero nunca preguntaron ni nosotras contamos”, relata. Con poco tiempo de diferencia, además de Alicia murió su mamá, y ella se quedó sin las, hasta entonces, dos mujeres de su vida.
Recién hizo el duelo cuando llegó a Puerta Abierta y comenzó a participar de un grupo de reflexión a los 61. Dos años después, tomó coraje y empezó a mostrarse libremente. En ese camino, conoció a Claudia en el cumpleaños de una amiga en común de la Asociación. “Ni bien la vi me enamoré. Ese día me contó que se estaba mudando de la casa en la que vivía con su marido y sus cuatro hijas”, suma. La charla siguió por Facebook hasta que concretaron una salida. “Al final del encuentro, que empezó en una plaza y terminó en mi casa, le dije que me gustaba mucho”, sigue Mercedes. A los pocos días, se pusieron de novias y no se separaron más. Hace tres años, tuvieron su matrimonio igualitario, del que participaron las hijas de Claudia y su nietito que ahora dice que, de ese lado, tiene “dos abuelas y un abuelo”.
Marcelo Robles siempre se sintió atraído por los varones más que por las chicas. Sin embargo, a los 31 se casó con una mujer con la que tuvo tres hijos. Casi 20 años después, se separó y empezó a experimentar con hombres. “Un día los senté a mis hijos y les conté. Ellos se merecían una explicación”, dice Marcelo quien confía que, al principio, “no les causó ninguna gracia”.
“Con el tiempo, cuando vieron que no me salían cuernos ni alas y que seguía siendo el mismo, la cosa se fue ablandando”, explica. Tres años después de esa revelación, conoció a través de un chat gay a Gustavo Michanie (47), que es presidente de la Asociación Judíos Argentinos Gays (JAG) con el que se casó el año pasado, a sus 61. Marcelo, que es arquitecto, dice que cuando conoció a Gustavo sufrió el “efecto ladrillazo”. “Fue como si me hubieran dado un golpe en la cabeza: sentí que por primera vez tenía certeza absoluta de lo que quería”, cierra Marcelo, feliz de haberse animado a dar el gran paso.

jueves, 2 de julio de 2015

IGLESIA EPISCOPAL ABRAZA FORMALMENTE EL MATRIMONIO ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO

Junto a su esposo Gene Robinson ,quien en 2003 se convirtió en el primer obispo episcopal abiertamente gay, asistio a la Convención General Episcopal en Salt Lake City el 25 de junio.



Episcopales abrumadoramente votó el miércoles para permitir las bodas religiosas para parejas del mismo sexo, consolidando el abrazo de la iglesia de los derechos de los homosexuales que se inició hace más de una década con la elección del primer obispo abiertamente homosexual.
La votación se produjo en Salt Lake City en la Convención Episcopal General, días después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos legalizó el matrimonio gay a nivel nacional. Se aprobó en la Cámara de Diputados, el cuerpo electoral de clérigos y laicos participantes en la reunión. La Cámara de Obispos aprobó la resolución martes 129-26, con cinco abstenciones.

El camino hacia el matrimonio entre personas del mismo sexo
El Muy Rev. Brian Baker, de Sacramento dijo que el cambio en las reglas de la iglesia fue el resultado de una conversación de casi cuatro décadas que ha sido difícil y doloroso para muchos. Baker, presidente de la comisión que se hace a mano los cambios, dijo que miembros de la iglesia no siempre han sido amables unos con otros, sino que la dinámica ha cambiado en las últimas décadas.
"Hemos aprendido a cuidar no sólo para, pero se preocupan por otro", dijo Baker. "Ese cuidado mutuo estuvo presente en las conversaciones que tuvimos .... Algunas personas no estaban de acuerdo profundamente, pero oramos y nos escucharon y nos dieron con compromisos que creemos hacer espacio y dejar a nadie atrás".

Baker dijo que la denominación de los Obispos oró y debatido el tema durante cinco horas esta semana antes de pasarlo a la Cámara de Diputados.
La votación elimina el lenguaje específico de género de las leyes de la Iglesia sobre el matrimonio para que las parejas del mismo sexo pueden tener bodas religiosas. En lugar de "marido" y "mujer", por ejemplo, la nueva ley de la iglesia se referirá a "la pareja". Bajo las nuevas reglas, el clero pueden negarse a realizar las ceremonias. Se aprobaron los cambios con un voto de 173 a 27. La convención aprobó también un servicio de oración de género neutro para el matrimonio en una votación de 184 a 23.
Las medidas entran en vigor el primer domingo de Adviento, 29 de noviembre.

Muchas diócesis en la iglesia sede en Nueva York de casi 1,9 millones de miembros han permitido a sus sacerdotes para llevar a cabo las bodas entre personas del mismo sexo civiles, con un servicio de oración de prueba para bendecir a la pareja. Sin embargo, la iglesia no había cambiado sus propias leyes sobre el matrimonio hasta el miércoles.
La Iglesia Episcopal se une a otros dos grupos protestantes que permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo en todas sus congregaciones: la Iglesia Unida de Cristo y la Iglesia Presbiteriana (EE.UU.). El 3,8 millones de miembro de la Iglesia Evangélica Luterana en América permite a sus congregaciones deciden por sí mismos, y muchos de ellos reciban a las bodas entre personas del mismo sexo.

La Iglesia Metodista Unida - que, con 12,8 millones de miembros, es de lejos la mayor iglesia protestante de la línea principal - Barras de matrimonio homosexual, aunque muchos de sus clérigos han sido oficiar bodas entre personas del mismo sexo recientemente en señal de protesta.


La Iglesia Episcopal es el ala estadounidense de la Comunión Anglicana, una comunidad mundial de 80 millones de miembros de las iglesias con sede en Inglaterra. Lazos entre anglicanos han sido tensas desde los episcopales en 2003 eligieron obispo Gene Robinson, que vivía abiertamente con su pareja masculina, para dirigir la Diócesis de New Hampshire.

En la víspera de la votación de Estados Unidos, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, líder espiritual de los anglicanos del mundo, emitió un comunicado expresando su profunda preocupación por la decisión de cambiar la definición de matrimonio.

Los grupos de fe de todo el espectro de la creencia, de la Iglesia Episcopal a los bautistas del sur, han ido perdiendo miembros a medida que más estadounidenses dicen que se identifican con ninguna religión en particular. La Iglesia Episcopal se ha reducido un 18% durante la última década, después de más de una generación de disminución constante.

Tras el fallo de la Corte Suprema la semana pasada, muchas iglesias conservadoras, incluyendo los bautistas del sur y los mormones, renovaron su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo.

La decisión del matrimonio gay es la segunda noticia importante que venir de la convención, el órgano normativo superior de la iglesia. La iglesia eligió a su primer obispo presidente negro pasado fin de semana, con el Obispo Michael Curry de Carolina del Norte de ganar en un deslizamiento de tierra.

Curry ha permitido a las bodas de la iglesia del mismo sexo en Carolina del Norte, y dijo que la Corte Suprema ", afirmó la autenticidad del amor" por la legalización del matrimonio gay.

martes, 14 de abril de 2015

“Ruega por nosotros”: La historia de dos sacerdotes homosexuales que terminó en tragedia


‘Ruega por nosotros’, la novela de Alfonso Carvajal, se basa en el caso una pareja de curas que se mandó matar al saber que uno de ellos tenía sida.
Dos sacerdotes fueron encontrados muertos el 27 de enero del 2011 en el interior de un automóvil en el sur de Bogotá, donde ambos ejercían su ministerio. Según las investigaciones policiales los religiosos Rafael Reátiga, de 36 años, y Richard Píffano, de 37, pagaron 15 millones de pesos (unos 8.435 dólares) a unos sicarios para que los mataran una vez que conocieron que, al menos uno de los dos, tenía VIH.
Alfonso Carvajal novela ahora aquella historia en“Ruega por nosotros”, una rocambolesca historia que el autor ha rescatado porque considera que “periodistas, psiquiatras, fiscales, feligreses han querido echarle tierra y olvidar el caso”.  Él, por el contrario, decidió sumergirse en ese sensible y controversial hecho para convertirlo en novela. Lo primero que pensó el escritor cuando se enteró de la noticia fue su parecido con la tragedia Romeo y Julieta. Pero este caso tenía algo que lo hacía aún más escandaloso y es que en este caso se involucraba a una pareja homosexual de curas. Por eso, hay quienes han considerado que Ruega por nosotros es una especie de Romeo y Julieta gay del siglo XXI. “Mientras la Iglesia niegue la sexualidad de sus integrantes, tendrá problemas de identidad y eso no es un asunto menor. Su temor a enfrentar la naturaleza del cuerpo la conduce a un oscurantismo medieval y patético”, asegura el autor.
El reto no era menor, pues no se conocen demasiados detalles de cómo se precipitó la tragedia:“Por azar conocí la versión de los victimarios de los curas, es decir, que ellos pagaron por su propia muerte, y entonces percibí que podría construir una tragedia contemporánea. Vislumbré el final y comencé a trabajar la novela. A arriesgarme a una interpretación psicológica y estética de qué llevó a los protagonistas a una decisión tan dramática”.
Semana.com habló con el escritor, periodista y poeta Alfonso Carvajal, quien también ha publicado otras novelas que tocan en el tema religioso como El desencantado de la eternidad y Hábitos nocturnos.
Semana.com: Cuéntenos brevemente cómo fueron los hechos que inspiraron ‘Ruega por nosotros’
Alfonso Carvajal: Por azar conocí la versión de los victimarios de los curas, es decir, que ellos pagaron por su propia muerte, y entonces percibí que podría construir una tragedia contemporánea. Vislumbré el final y comencé a trabajar la novela. A arriesgarme a una interpretación psicológica y estética de qué llevó a los protagonistas a una decisión tan dramática.
Los-sacerdotes-colombianos-Ric_54254508330_53389391171_261_396Semana.com: Después de su investigación y de la construcción de esta novela, ¿cuál es su percepción de lo que la Iglesia católica oculta y teme?
A. C.: Mientras la Iglesia niegue la sexualidad de sus integrantes, tendrá problemas de identidad y eso no es un asunto menor. Su temor a enfrentar la naturaleza del cuerpo la conduce a un oscurantismo medieval y patético.
Semana.com: ¿Cuáles han sido las reacciones del público y de la Iglesia frente a la novela?
A. C.: La respuesta ha sido buena, no sé si por curiosidad o qué motivaciones internas tienen los lectores. Para mí, prima lo literario. Este es un trabajo de ficción basado en hechos reales. La Iglesia, como en otros asuntos espinosos, mira para un lado, al vacío, al silencio, pero eso no es nuevo.
Semana.com: ¿Cómo cree que la Iglesia y los curas toman este tipo de textos?
A. C.: Por una fuente sé que un obispo compró dos libros en una Panamericana. El otro día me llamó un cura liberal y me felicitó por atreverme a contar la historia. Creo que el tema moral pasa más por lo humanístico que por cualquier sesgo ideológico, religioso, de género o cultural.
Semana.com: ¿Qué fue lo más difícil de la investigación y de tocar este tema en forma novelada?
A. C.: Lo más difícil fue tener varios temas explosivos entre las manos: lo religioso, la homosexualidad y el sida, y además que es una historia de amor y muerte porque uno de ellos se sacrifica por la relación amorosa que tenían. Y en lo literario, crear la estructura, las voces, el lenguaje, el tiempo y el espacio en que transcurriría la novela. Eso fue una labor que duró un año y medio.

martes, 17 de febrero de 2015

Obispo Guillermo Horna: Dios tuvo un plan al hacerme homosexual



Cuando fue separado del seminario de la Comisión de los Comuneros de ‘Sagrado Corazón de Jesús’ a los 20 años por su orientación sexual, se apartó unos años de los estudios religiosos. Sin embargo, las cosas volvieron a cambiar cuando un día de esos: unos chicos evangelistas lo llamaron para leer la Biblia y empezó un gran proyecto de inclusión.
Así nació en el 2009 lo que se conoce como El Camino, la comunidad en la que el obispo Guillermo Horna promueve ideas progresistas de fe católica, entre las que se incluyen aceptar el amor entre personas del mismo sexo y valorizar el rol de las mujeres en la sociedad. “Jesús nunca discriminó, asegura él firmemente sentado en el despacho del recinto en donde realiza sus reuniones.
Mientras se disipa la bulla en los exteriores de la pequeña habitación, el obispo se toma su tiempo para explicar lo que muchas personas se deben estar preguntando. ¿Cómo es que un obispo casa a dos gays en un matrimonio sacramental? La Iglesia católica no lo permite. (Ya conocemos la opinión de nuestro cardenal Juan Luis Cipriani y sus amigos del Opus Dei). ¿Es un cura autoproclamado?
Nada de eso. Guillermo explica que él es un católico con todas las de la ley. Pertenece a la Iglesia católica antigua o veterocatólica, que actualmente tiene alrededor de 2 300 000 miembros en todo el mundo. Se trata de un grupo de iglesias cristianas que se separaron de la Iglesia Católica en el siglo XIX porque sus integrantes rechazaron la doctrina de la infalibilidad papal proclamada en el Concilio Vaticano I.
En Latinoamérica, explica el obispo, el 90% de miembros veterocatólicos son seguidores de Monseñor Carlos Duarte Costa, quien en los años 50 fue excomulgado de Roma por decir que los curas deberían casarse. Además, dijo que los casados y divorciados debían recibir la comunión. Tras ello, fundó la Iglesia Apostólica Brasileña, madre de las iglesias nacionales en América Latina.
Duarte Costa, a su vez, fue ordenado obispo en 1924 por el Arzobispo Sebastiao Leme Da Silveira Cintra, un cardenal brasileño la Iglesia Católica Romana.
“Nosotros somos católicos primero porque mantenemos sucesión apostólica. Segundo, mantenemos la doctrina católica de los primeros concilios dados antes del cisma del siglo XI. Pero no estamos sujetos al obispo de Roma (el papa), tampoco estamos sujetos al derecho canónico porque eso es un ley jurisdiccional dentro de la Iglesia Romana y no rige para nadie más”, explica Horna.

 SU VUELTA A LA RELIGIÓN

Aunque sus planes de volverse sacerdote se vieron frustrados por saberse a sí mismo ‘diferente’ y por lo tanto, marginado por los dogmas conservadores de la iglesia católica romana, una nueva oportunidad llegó para Guillermo.
“Yo hablé con mi formador”, cuenta él sobre sus años de seminarista. “Yo le dije que tenía una orientación sexual diferente y él se lavó las manos y dijo que hablaría con el supervisor regional y él dijo ‘no, tiene que irse’. Es decir, no importaba cómo me conocían, portaba, quién era. No importó nada. Solo me dijeron que tenía que irme. Mi historia es la de muchos que se atrevieron a hablar con honestidad”, aprecia Guillermo, quien fue expulsado cuando estaba a la mitad de su carrera.
Sin embargo, esos momentos quedaron atrás. El grupo de chicos evangelistas con los que se había reunido al principio fue creciendo cada vez más. Provenían, al fin, de diferentes religiones.
“Fuimos a un retiro y decidimos qué hacer. Fue ahí cuando se formoó ‘El Camino’ y como finalmente, las personas que la integrábamos somos de distintas tradiciones, decidimos que seríamos una comunidad ecuménica y que sea inclusiva porque veníamos de una experiencia de discriminación y no podíamos caer en lo mismo”.
Quien se percató del trabajo que hacía Guillermo Horna en la comunidad fue el Arzobispo Miguel Ángel Paredes, proveniente también de la rama de veterocatólicos. Hablaban seguido por Facebook sobre la experiencia con los chicos, a la vez que le contaba que había vuelto a los estudios teológicos.
“Él se ofreció a ordenarme como sacerdote. Yo lo consulté con la comunidad y ellos aceptaron. Viajó hasta aquí y se realizó mi ceremonia en una Iglesia Luterana. Posteriormente, me pidió que vaya a Argentina y me ordenó como obispo para impulsar la iglesia veterocatólica en el Perú”.
Así Guillermo Horna se convirtió en obispo. Cree en Dios y en la Biblia. ¿Qué piensa de toda esa homofobia que algunos sostienen que se encuentra en las sagradas escrituras?
“A veces la gente no analiza. No vemos más allá de lo que la palabra misma nos dice. Y la palabra está ahí, está clarísima. Jesús nunca negó un abrazo ni acercamiento a nadie. Pero las personas no contextualizan la Biblia”, asegura.
Su vida la comparte con Willie, su amor desde hace 22 años. Él no es religioso, pero le ha dicho “a dónde vas, yo te sigo”. Y él agradece a Dios que lo haya puesto en su camino.
“Dios tiene un plan para mí. Para todos. Tuvo un plan al hacerme homosexual. Yo tengo que seguir el camino que se me ha trazado. Porque si no fuera así como soy, no ayudaría a muchos chicos que tienen las mismas dudas y frustraciones”, dice Guillermo, quien celebra bodas con amor, un amor infinito que lo hace un hombre feliz. “Dios tuvo un plan al hacerme homosexual”, repite este hombre de 46 años, desde su iglesia, pequeña y humilde de Jesús María

sábado, 14 de febrero de 2015

Carta Abierta de un Obispo Luterano a la Comunidad LBGT

EEUU
Queridos amigos y amigas,
Todas y todos ustedes son bienvenidos en las congregaciones de la Evangelical Lutheran Church in America (ELCA por su sigla en inglés: Iglesia Evangélica Luterana en los Estados Unidos de América).
Somos una iglesia que cree que es errada la discriminación en contra de cualquier persona basándose en la orientación sexual. Todas y todos son bienvenidos. Celebramos  la diversidad.
Si bien las y los luteranos en los Estados Unidos de América no tenemos el mismo pensamiento con relación a la orientación sexual, la Iglesia, la mayor denominación luterana en el país, ha asumido una posición como una iglesia abierta, respetuosa, donde todas las personas son bienvenidas.
Reconozco que algunos de ustedes han sido heridos por las iglesias. En nombre de la Iglesia, pido disculpas por comentarios ofensivos, por exclusiones y la discriminación que ustedes han experimentado. Las iglesias están integradas por personas heridas que algunas veces hieren a personas. No somos una iglesia perfecta, ni estamos compuestas por personas perfectas. Seguimos a Cristo quien perdona y nos llama a ser parte de una nueva comunidad que está más allá de raza, género, o nivel social. La iglesia es una imperfecta comunidad de esperanza.
Cuando nos preguntamos por aquello que es lo más importante en la vida, Jesús, que nunca pronunció una sola palabra registrada sobre la orientación sexual, nos repite que el más grande de los mandamientos es el amar a Dios y el amar a nuestro prójimo. Él nos muestra el amor hacia el prójimo y el extraño. Él dijo: “Por esto todos los pueblos conocerán que son mis discípulos, si se aman unos a otros”
Les invito a asumir el riesgo de ser parte de una iglesia imperfecta que se esfuerza para ser una comunidad semejante al modelo de Cristo. Ustedes son bienvenidos y bienvenidas.
Sinceramente ,
Michael Rinehart.
Obispo del Sínodo de Texas-Louisiana Costa del Golfo, de la ELCA, una comunidad de más de cien congregaciones, pastoral universitaria, centros de retiros y otras organizaciones.
 (Traducción Pastor Lisandro Orlov. Iglesia Evangélica Luterana Unida en Argentina y Uruguay. Buenos Aires.)

martes, 13 de enero de 2015

Emotivas palabras de un diácono católico respecto a su hija transexual

Ray Dever, diácono de la Iglesia Católica de San Pablo de Tampa (Florida), ha escrito una carta en la que hace un contundente llamamiento a los padres de hijos transexuales: “Amad a vuestros hijos”.
La muerte de Leelah Alcorn, una adolescente transexual, la mañana del pasado domingo en Ohio, ha vuelto a abrir el debate sobre el impacto que la religión tiene en el colectivo LGTB. En la nota de suicidio que escribió la joven, crítica duramente las creencias religiosas de sus padres, cristianos devotos, que no les permiten ayudar a sus hijos transexuales. Carla Alcorn, la propia madre de Leelah, declaró a un reportero de la CNN que: “Nosotros no la apoyamos, religiosamente, en su proceso de cambio”.
Sin embargo, el mismo día que Leelah decidía poner fin a su vida, otro padre demostraba que ser cristiano no va ligado al rechazo a un hijo transexual. En el día en que se celebro la Sagrada Familia, una fecha muy importante en la doctrina católica, Ray Dever, diácono de la Iglesia de Tampa (Florida), escribía una artículo para el blog New Ways Ministry en el que relata el aprendizaje personal que supuso tener una hija transexual.
Dever describe cómo su hija le reveló su condición en otoño de 2013, cuando ella cursaba su segundo año de estudios en la Universidad de Georgetown de Washington: “Esto ocurrió sólo unas semanas después de la famosa entrevista del Papa Francisco en la que decía “¿Quién soy yo para juzgar?”. Con estos acontecimientos mi familia se vio sumida en todas las preguntas y problemas a las que se enfrentan las familias católicas con niños LGTB (…) Nuestro viaje probablemente no ha sido muy diferente al de cualquier familia en esta situación”.
Tras la grave depresión que su condición supuso para su hija durante la escuela secundaria, Dever muestra su preocupación por las graves consecuencias mentales que puede arrastrar este cambio: “Queremos aprender más sobre la depresión y la enfermedad mental, sobre las ideas suicidas y las conductas autolesivas, sobre terapeutas y antidepresivos”.
Además, hace balance del aprendizaje que ha supuesto para toda su familia la identidad sexual de su hija: “Cuando nos lo dijo, mi esposa y yo tuvimos toda la gama de pensamientos y emociones que un padre puede tener en esta situación: shock, falta de compresión, conflicto con la Iglesia, confusión, culpa sobre nuestra capacidad como padres, profunda tristeza por la pérdida de un hijo, miedo, preocupación por el futuro… Había discusiones, noches sin dormir y oraciones, muchas oraciones(…) Pero lentamente, pudimos comprender que no habíamos perdido a la persona que había sido nuestro hijo. De hecho, en muchos aspectos, nos trajeron a nuestro hijo de vuelta cuando consiguió abrazar su identidad de género y emerger de las profundidades de la depresión“. Después de todo el proceso, para Dever, los valores de su hija permanecen intactos: “Toda la creatividad, el humor, la empatía, y la inteligencia que le hacían una persona excepcional todavía están ahí y están brillando más fuerte que nunca“.
En su artículo aprovecha también para enviar un mensaje a los padres que estén en una situación similar a la suya: “El apoyo familiar es problemático en las familias católicas (…) Yo no estoy calificado para hablar en nombre de la Iglesia en cuestiones LGTB, pero he sido encargado por la Iglesia para proclamar y predicar el Evangelio. Y si una cosa está clara en las enseñanzas de Nuestro Señor es que todo el mundo está incluido en su amor y misericordia, y todo estamos llamados a hacer lo mismo. La Iglesias nos llama a, en primer lugar y sobre todo, seguir su conciencia, amar al prójimo, y sobre todo a tu hijos”.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Carta de Andrés Gioeni al papa Francisco por el Sínodo de la familia

Buenos Aires, 18 de octubre de 2014.
Estimado y admirado Francisco:
¡Paz y bien!
En esta tercera carta que le escribo quiero hacerme portavoz del sabor amargo de muchas personas que pusimos la mirada, la oración y las esperanzas en un Sínodo que parecía abrir las puertas a una Iglesia pluralista, pero que finalmente las volvió a cerrar con elitismo hasta nuevo aviso.
En esta oportunidad no le escribo como quien ha vivido de cerca el sacerdocio; tampoco le hablaré desde mi condición de gay confeso. Esta vez quiero hablarle desde mi faceta de artista, una de las cualidades o dones que como homosexual puedo brindar a la sociedad.
Quienes nos sentimos creadores desde el arte, sabemos lo difícil que es encontrar una bocanada de inspiración. Pero cuando viene ese primer soplo, somos conscientes que en esas incipientes mociones están escondidas las huellas de lo que será nuestra obra final. Cuesta descubrir ese impulso que aparece muy de vez en cuando, pero cuesta mucho más permanecer fiel a su dictado.
En los primeros diálogos entre los personajes se va tejiendo una obra de teatro; en los primitivos trazos y pinceladas van surgiendo los atributos de la pintura final; en los borradores de los compases iniciales ya se prefigura la melodía que sentiremos vibrar; en el impulso de los cinceles originarios se van vislumbrando las figuras imaginarias que terminarán esculpiendo la escultura.
Pero mantenerse fiel a esa inspiración es lo que más cuesta. Porque la desconcentración nos tienta de diversas maneras a dejar de mirar ese primer suspiro programático, similar al llanto inicial del recién nacido. Son muchas las tentaciones que pretenden desviarnos de ese primer espíritu creador. ¿Será quizás más difícil permanecer fiel al primer movimiento, que recibir un sugerente impulso inspirador?
Con el tiempo aprendí que los artistas NO DEBEMOS DESESTIMAR TAN FÁCILMENTE UN PRIMER BORRADOR. Porque allí están las semillas del fruto a cosechar. Quizás como lglesia sea una invaluable experiencia a considerar.
Después de la expectativa creada a raíz de un borrador que surgía con un impulso energético del Espíritu, finalmente desviaron la mirada llegando a una declaración conclusiva con un texto que repite las expresiones conocidas por todos los que en más de una oportunidad hemos leído los documentos eclesiales.
Precisamente las afirmaciones más osadas fueron las que quedaron de lado. Quizás las afirmaciones que atendían a una novedad pastoral, quedaron descartadas en un compendio de frases escuchadas hasta el hartazgo en diferentes ponencias, reuniones, homilías y disertaciones.
Y me atrevo a afirmar que se debe a que COMO IGLESIA TODAVÍA TENEMOS MIEDO. Tenemos miedo a mirarnos como somos, tenemos miedo a reconocernos hijos de Dios con igualdad de condiciones, tenemos miedo a hablar con hermanos de igual a igual, hermanos que deciden ser fieles a una naturaleza aún desconocida. ¿Sentiremos miedo de que un Amor tan grande corra el riesgo de ser repartido?
Es lo que Jesús nos cuenta en la Parábola del Hijo Pródigo; cuando el Padre abre las puertas del hijo que se había perdido, el otro siente que es descuidado y que es injusto reconocer que él también pueda entrar a la casa. Pero ya la misma parábola nos lo deja en claro en las palabras del padre: “Hijo mío, tú siempre has estado conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15, 31-32).
Pero ¿tanto nos cuesta creer que una fuente inagotable no se puede acabar? ¿acaso algo que es infinito se puede no repartir sino en infinitas posibilidades? Eso lo sabemos por experiencia también los artistas. El espíritu puede soplar acá o allá, pero no se agotará. Puede inspirar a un colega, pero no por eso descuidará la inspiración de las demás obras.
Invite a todos sus pastores a emprender el camino hacia el Sínodo del año próximo mirando a los artistas. Porque un artista no tiene miedo. Un artista se arriesga. No porque sea temerario e irresponsable. Se arriesga porque sabe que la fuerza del espíritu llevará a buen término su obra. Si suelta el trapecio es porque confía que del otro lado hay alguien que lo recibe. Si mezcla colores sin sospecha es porque se entrega confiado sabiendo que la inmensidad de matices enriquecerán su fresco terminado. Si aporta neologismos es porque sabe que la palabra es realmente inagotable. Si combina notas, tiempos, silencios es porque descansa en la armonía.
SI EL BORRADOR ERA MÁS GRATO QUE LA OBRA FINAL, PREGÚNTELES QUÉ LOS DESVIÓ DEL IMPULSO PRIMARIO, QUÉ INTERESES SE MEZCLARON EN EL PROCESO. QUÉ DESAVENENCIAS O CONTIENDAS INTERNAS NO LES PERMITIERON MANTENERSE FIELES A LO QUE EL ESPÍRITU LOS EMPUJÓ EN UN PRINCIPIO.
Aún antes de finalizar le comparto algunas preguntas que me surgen también de mirar todavía el ejemplo de los artistas, y llevarlo luego al plano de la fe:
En nuestros ensayos, levantarnos de nuevo después de habernos caído todavía sigue siendo valentía, porque significa que podemos mejorar. En las familias de los divorciados vueltos a casar pasa lo mismo. Se animaron a levantarse y comprometerse a empezar de nuevo, dándose una nueva oportunidad. Eso no es un pecado, es un reconocimiento humilde de que se puede empezar de nuevo, después de una desilusión.
En nuestra nutrición, sabemos que el alimento es necesario para caminar, correr, saltar, pensar y no un mérito a nuestro trabajo terminado. Comprendemos que lo necesitamos para seguir creando. Percibimos que le da la fuerza al bailarín para ejecutar ese difícil salto que no se animaba a consumar. ¿Es que ustedes siguen considerando que el Sacramento de la Comunión es un premio para las familias que cumplen las reglas? ¿no dijo Jesús que él vino para los enfermos y no para los sanos? ¿o que no vino a llamar a justos sino a pecadores? Sin ese alimento que ustedes restringen difícilmente puedan llegar a buen término aquellas familias que más lo necesitan.
En nuestro proyecto terminado, cuando salimos a escena y se encienden las luces confiamos en que al lado nuestro hay un gran equipo que tiene muchas otras tareas que como actores, desde el escenario, no podemos realizar. Pero sabemos que la escena no será aplaudida sin el trabajo del vestuarista, del escenógrafo, del director, del autor, del musicalizador o el iluminador que completaron el trabajo. Confíen más entonces en quienes conforman también verdaderas familias: en los laicos, en los religiosos, en los pastores, en los presbíteros, en los diáconos, en los misioneros, en los catequistas, etc. Dejen que participen de verdad en las encuestas y no cumplan con un mero formalismo creyendo conocer la realidad de sus comunidades. Dejen escuchar la voz de aquellas familias que menos consideran, quizás sean ellas quienes sepan decir cuál impresión es la indicada para terminar un primer acto. En palabras del Concilio Vaticano II dejen de lado el verticalismo de casi 200 Obispos y escuchen a todo el Pueblo de Dios.
Ojalá que el diálogo con otras religiones y otras Iglesias reformistas los ayuden a descubrir la variedad de culturas y la riqueza inagotable de la diversidad humana, que no se circunscribe a un paradigma occidental de clase burguesa.
Estimule a los Padres Sinodales a mirar a los artistas para que en el Sínodo que se aproxima puedan escuchar los primeros indicios renovadores y no apagarlos. Seguramente la sinfonía final será escuchada con más agrado por los que intentamos comulgar y celebrar un mismo y único Dios.
Desde mi pequeña familia, no de segunda categoría, sino la que Dios pensó para nosotros, lo saludó confirmando y renovando mi esperanza en que es capaz de llevar a cabo su difícil misión.
Andrés Gioeni, otro hijo de Dios.